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De izquierda a derecha: la ministra de Agricultura y Desarrollo Rural, Martha Carvajalino; el presidente de la Cooperativa Financiera Confiar, Oswaldo Gómez; el embajador de la Unión Europea en Colombia, Gilles Bertrand; la decana de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes, Angelika Rettberg; el coordinador del Consejo Nacional de Paz Afrocolombiano, Richard Moreno; la fundadora de CAMBIO y moderadora del panel, Patricia Lara Salive; y, en la pantalla, el presidente de la junta directiva de Alquería y Coordinador de Sueños de esa compañía, Carlos Enrique Cavelier.
País

La transformación de los territorios: una deuda pendiente para lograr la paz

La política de paz del gobierno Petro ha logrado pocos resultados y ha develado, una vez más, la deuda del estado. La directora del Centro Internacional para la Justicia Transicional (ICTJ) resume y analiza las principales conclusiones del importante foro de Cambio, Transformaciones Territoriales para la Paz.

Por: María Camila Moreno

El Foro Transformaciones territoriales para la Paz, realizado el pasado 17 de julio en Bogotá, convocado por Cambio, el Centro Internacional para la Justicia Transicional (ICTJ) y la Delegación de la Unión Europea en Colombia, en el salón de un hotel al norte de la capital, demostró que la paz sigue importando en el país: además de que el salón se llenó, el foro cerró con 148.000 conectados en X, sin contar los que se unieron a través de Facebook, YouTube y el canal de Cambio.

Las discusiones giraron en torno a tres grandes preguntas: ¿Cómo abordar los conflictos en los territorios?, ¿Qué hay que transformar en los territorios para lograr la paz? y ¿Qué experiencias y retos de transformación territorial existen?

Varias reflexiones que vale la pena subrayar surgieron en las conversaciones:

1. Hoy, es posible afirmar que existe una reflexión madura y cada vez más profunda sobre los conflictos y las violencias en los territorios. Hemos constatado, porque la realidad se impone, que no es posible seguir usando las categorías de análisis con las que caracterizamos el conflicto armado antes del 2016, ni los mismos criterios a partir de los cuales describíamos a organizaciones armadas ilegales como las FARC -EP y el ELN.

2. El conflicto y los grupos armados que ejercen control social y económico en los territorios han mutado. La fragmentación de los grupos y la territorialización del conflicto y las violencias, rurales y urbanas, son tal vez hoy las principales características.

3. Los grupos armados organizados tiene cada vez un mayor arraigo territorial y su actuación se diferencia de la de ejércitos de ocupación provenientes de zonas distintas del país, como lo vimos a finales de la década de los 90.

4. Ese arraigo significa una relación estrecha con su base social, conformada principalmente por los familiares de los combatientes a quienes buscan proteger de las amenazas y ataques de otros grupos armados con pretensiones de disputar el control del territorio.

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“En Colombia, hay que ser abogado para ser campesino”, explicó Gilles Bertrand, embajador de la Unión Europea en Colombia | Crédito: Pablo David - CAMBIO

5. Existe una participación, más o menos coercitiva – dependiendo de la mayor o menor presencia hegemónica en el territorio – en la vida económica, social y política.

6. Estos grupos no tienen la intención de dejar las zonas en donde viven y operan sino, por el contrario, entienden el tránsito a la vida civil, después de los eventuales acuerdos de paz, como la posibilidad de convertirse en agentes sociales legales en los mismos territorios.

7. Esto lleva a otra reflexión sobre el Foro: la respuesta a la territorialización del conflicto y las violencias, en términos de la búsqueda de una solución política negociada, debe ser la territorialización de la paz que significa hacer realidad la siguiente premisa: en la medida en que se logren desescalar las violencias, es posible avanzar en las transformaciones territoriales que van a hacer posible la paz territorial, que incluye, a su vez, el tránsito a la vida civil de los integrantes de los grupos armados.

8. Pero esto supone un enorme reto para un estado que no está diseñado para llegar de manera rápida y eficiente a los territorios y para una institucionalidad desarticulada, con una gran incapacidad de coordinación.

9. Cualquier estrategia o plan para avanzar en las transformaciones territoriales que permitan cerrar las brechas de desarrollo e inequidad de los territorios más afectados por el conflicto y las violencias debe comprometerse a garantizar la participación de las comunidades, los gobiernos departamentales y municipales, las autoridades étnicas, el gobierno central y el sector privado. Sólo el trabajo conjunto entre estos diferentes actores puede allanar el camino para transformar los factores de persistencia del conflicto, las brechas sociales y los conflictos ambientales.

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“El acaparamiento de la tierra sigue siendo uno de los ejes principales de la violencia en Colombia”, indicó la ministra de Agricultura | Crédito: Pablo David - CAMBIO

10. El modelo de paz que consiste en desmovilizar al grupo armado y sacarlo del territorio en el que operaba para que llegue el estado con toda su institucionalidad ha fracasado reiteradamente en el país.

11. No hemos sido capaces de transformar la calidad de la presencia y acción del estado en muchos de los territorios de los que se suele decir que no hay presencia del estado. Como lo expresó recientemente un líder social del Caquetá, “nosotros no nos sentimos abandonados por el estado. Nos sentimos excluidos.” La paz territorial debe ser una oportunidad para replantear esta relación.

12. Si no se trata de sacar al actor armado para que llegue el estado, ¿entonces de qué se trata? Algunas ideas, polémicas, incluso, empiezan a surgir en los debates: reconocer las gobernanzas criminales, dicen algunos, híbridas, dicen otros. Es decir, reconocer la capacidad regulatoria ilegal y, en muchas ocasiones autoritaria, de los grupos armados y buscar transformarla en capacidad de agencia legal para el desarrollo. Esto es, construir estado con los actores armados convertidos en actores legales. Esta fórmula es interesante pero enfrenta grandes desafíos, como el riesgo de legitimar poderes mafiosos si no se empodera a las comunidades y se fortalece su autonomía, si no selogra transformar las economías ilícitas y se perpetúa el statu quo social y cultural que ha impuesto patrones de consumo y formas de acumulación de riqueza que se reproducen en las comunidades, o si el estado es incapaz de materializar políticas públicas diseñadas y ejecutadas con los diferentes actores sociales e institucionales de las regiones.

Las reflexiones del Foro nos hacen el llamado a pensar más en el cómo que en el qué y a reconocer que, a pesar de todo lo que nos falta, hemos avanzado. El país de hoy no es el mismo del de hace una o dos décadas. Hoy en el debate y la conversación públicos es posible encontrar puntos en común entre líderes sociales, empresarios, funcionarios del gobierno central, gobernadores y la comunidad internacional, en torno a cómo transformar los territorios.

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