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Gustavo Petro, presidente de Colombia; Donald Trump, presidente de Estados Unidos, en el encuentro de este martes en la Casa Blanca. Foto: Joel González   - Presidencia de la República
Gustavo Petro, presidente de Colombia; Donald Trump, presidente de Estados Unidos, en el encuentro en la Casa Blanca
País

Después de la cordial reunión, acciones efectivas. Por Julio Londoño Paredes

El ex canciller Julio Londoño Paredes analiza el esperado encuentro entre el presidente Gustavo Petro y Donald Trump y sus antecedentes. Habla también de lo que debe venir para Colombia frente a la seguridad y la incertidumbre en Venezuela.

Por: Julio Londoño Paredes

Todos los mandatarios colombianos se han reunido con presidentes de los Estados Unidos y esas entrevistas, aunque de interés para la opinión pública colombiana, se consideraban un evento más o menos rutinario, propio de la gestión presidencial.  Pero el encuentro entre Petro y Trump tenía una connotación especial y muchos en Colombia estaban pendientes de su desarrollo.

No podía ser para menos. Desde el inicio del mandato de Trump, Petro había emprendido una ininterrumpida serie de actitudes y expresiones no solo en contra de aquel, sino, muchas veces, contra los Estados Unidos; una estrategia caduca y propia de la Guerra Fría. Por su parte, Trump, que al principio no puso mucha atención a lo que decía el mandatario colombiano, comenzó a sentirse afectado después de la perorata por megáfono de Petro en Nueva York.

Por lo tanto, con una intemperancia similar a la de su colega colombiano, Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio, comenzaron a escalar acciones contra Petro, y, de una descertificación ‘benigna’, se pasó al retiro de la visa norteamericana; a la posibilidad de imponer aranceles a los productos colombianos; a su inclusión y a la de su familia en la llamada Lista Clinton; a la amenaza de una acción armada en territorio  colombiano, e incluso a aplicarle el mismo tratamiento que a Maduro, ‘extraído’ del Fuerte Tiuna, el ‘Pentágono’ venezolano.

La tensión fue tanta en Colombia que se llegó al extremo de que la gente hacía conjeturas sobre cuál sería la acción norteamericana y en qué lugar podrían caer los cohetes.

Por eso el país se sorprendió cuando, en medio de una concentración en la Plaza de Bolívar, en Bogotá, presidida por Petro, este recibió una cordial invitación de Trump para que lo visitara en la Casa Blanca. El 3 de febrero se llevó a cabo la esperada reunión, a la que todo Colombia seguía con atención como el último capítulo de una novela de Agatha Christie, ya que con los temperamentos del uno y del otro, cualquier cosa podría pasar.

Sin embargo, la reunión se desarrolló muy cordialmente y en ella se trataron temas de interés para ambos Estados, entre ellos la lucha contra el narcotráfico, la situación venezolana, la presencia de grupos armados en ese país y en las fronteras compartidas con Venezuela y Ecuador.

Colombia descansó, por decirlo así.

Es evidente que los dos países, más ahora que nunca, tienen intereses comunes, aunque con visiones diferentes. Ambos luchan contra el narcotráfico y los Estados Unidos están empeñados en la estabilización de Venezuela, lo que para Colombia es fundamental. Hasta el punto de que, sin una cooperación efectiva de nuestro país para la reconstrucción política y económica venezolanas, sería mucho más dispendiosa la recuperación de nuestro vecino.

Lo que habrá que esperar ahora es que el afectuoso encuentro, incluso con destellos de buen humor, se traduzca en acciones efectivas en un corto plazo frente a la inseguridad que tiene contra la pared a muchas localidades colombianas, y a la incertidumbre sobre la situación en Venezuela, que necesariamente tiene efectos sobre nosotros.

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