
Liwi y la perseverancia de la flor eterna
En uno de los puntos más extremos de la geografía colombiana, bajo el manto de la selva eterna, se oculta un secreto: la flor de Inírida, también conocida como la flor eterna gracias a que al secarse conserva sus características. Liwi, un emprendimiento familiar de Guainía, ha encontrado la solución para cultivarla, cosecharla y enviarla al mundo.
El padre de Laura, Rubén Darío Carianil, es un nativo que descubrió la manera de reproducir esta hermosa flor que crece silvestre en las sabanas vecinas a Puerto Inírida. Así, los Carianil decidieron fundar Liwi Flores Eternas de Inírida, con la idea de cosechar y comercializar esta flor.
“La flor de Inirida es tan llamativa y tan apetecida porque las dos especies, tanto la flor de invierno (Guacamaya superba), como la flor de verano (Schoenocephalium teretifolium), son únicas en su estructura y sus colores. La flor de invierno es de un rojo profundo muy llamativo, con puntas blancas que hacen que resalte; la flor de verano tiene tonalidades entre rojo, blanco, amarillo y verde. Ambas representan los colores de la naturaleza y de la selva”, explica Laura.
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