
Los periódicos clandestinos del M-19 que anunciaban la toma del Palacio de Justicia
Llegaban doblados en sobres anónimos, escritos en papel barato y con olor a humedad. Eran los periódicos del M-19. Antes de ese 6 y 7 de noviembre de 1985, ya circulaban las palabras del grupo guerrillero sobre justicia, patria y traición. Eran editoriales inflamados que confundían épica con destino. ¿Podía el país haber leído esas señales antes de que ardiera la Corte Suprema?
Llegaban doblados en cuatro, dentro de sobres sin remitente. Paquetes que pasaban tan desapercibidos en el tumulto del correo que, paradójicamente, podían llamar la atención de alguien con cierta suspicacia. A veces llegaban con sellos de correo, a veces traídos por un mensajero que aparecía justamente cuando no había mucha gente en la oficina y el portero estaba desprevenido, distraído o medio dormido.
Eran hojas de periódico baratas, ásperas, que de vez en cuando dejaban tinta en los dedos y que siempre venían con un tenue olor a humedad, a bodega. Los periódicos clandestinos del M-19 llegaban en diferentes formatos; unos de esténcil y otros, más elaborados, como un pequeño impreso, tipo minitabloide. Casi siempre traían fotografías de hombres y mujeres del ‘eme’ sonriendo en la manigua: fusiles terciados, comandantes guerrilleros atentos a los movimientos y los reportes del combate, anunciando alianzas y señalando enemigos. Siempre tratando de explicar la violencia que atravesaba al país de lado a lado y de la cual ellos mismos eran protagonistas permanentes. Todos convencidos de estar escribiendo una historia sin final a la vista y hablando de un mundo de muertos y héroes derrotados, rescatados del olvido solamente por esos textos.
Yo tenía poco más de veinte años, trabajaba como reportero de la revista Cromos y claramente no podía entender entonces que esas palabras impresas y repartidas por los guerrilleros de manera personalizada —urgentísimas, militantes, grandilocuentes— anunciaban una tragedia que el país tampoco pudo o quiso leer a tiempo. Era la guerra y la muerte presentándose, hablándole al país en voz baja, por debajo de las puertas.
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