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Diego Guevara, exministro de Hacienda. Foto: Pablo David.

‘Cuidado con el populismo fiscal barato’: exministro Diego Guevara sobre las elecciones 2026

Diego Guevara, exministro de Hacienda. Foto: Pablo David.

Estabilidad fiscal vs. gasto social: ¿es posible el equilibrio? Esa es la cuestión que gravita en el ambiente económico. En el foro 'Perspectivas País 2026', organizado por CAMBIO, el exministro de Hacienda junto con Carlos Carrillo, director de la UNGRD y Peter Siegenthaler, gerente del Banco Mundial en Colombia, mostraron cuáles son los caminos a seguir.

Por: Armando Neira

En tiempos de elecciones, todos los candidatos pintan escenarios idílicos. Les suelen dicen a los electores que los problemas que a diario los agobian se esfumarán como por arte de magia con solo depositar un voto por ellos. 

En el foro Perspectivas País 2026 organizado por CAMBIO este miércoles en Bogotá, Diego Guevara, exministro de Hacienda; Carlos Carrillo, director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD); y Peter Siegenthaler, gerente de País del Banco Mundial en Colombia,  mostraron desde su perspectiva, que el horizonte está plagado de desafíos y que estos deben ser manejados con absoluto rigor.

“Cuidado con el populismo fiscal barato”, dijo Guevara en referencia a aquellos candidatos a la Presidencia que, al estilo de Milei, se presentan con fórmulas mágicas para construir un futuro de fantasía. “No faltaba más que fuera a opinar de política interna, pero hay que hacer reformas estructurales”, añadió Siegenthaler.

Carrillo se mostró menos prudente y señaló que el panorama tanto nacional como internacional no es el mejor. En el foto, detalló que hay figuras como el director del Partido Liberal —en referencia a César Gaviria— que se eternizó en un puesto en el que, contrario a lo que ocurre con estas colectividades en el resto del mundo, que impulsan reformas para los sectores más populares, se dedicó a defender a los privilegiados. 

En el panel, moderado por la editora económica de CAMBIO, Laura Lucía Becerra, Guevara, exministro de Hacienda del gobierno Petro, respondió al interrogante de cómo el Estado colombiano puede mejorar la eficiencia y focalizar el gasto social sin comprometer las finanzas públicas.

Las cifras son las cifras

Inició su intervención explicando que, al analizar las finanzas públicas en términos del presupuesto —funcionamiento, deuda e inversión—, aparece un concepto central: la inflexibilidad. Y, entonces, enumeró varia cifras: 

Un presupuesto para 2026, hoy en discusión, de 546 billones; sin ley de financiamiento sería de 530 billones. “De estos, 100 billones van al servicio de la deuda, intocables”, dijo. “Cerca de 360 billones corresponden a funcionamiento; aunque allí hay rubros de gasto social, muchos son rígidos”, detalló.

Y analizó que el único rubro donde queda la posibilidad de tener creatividad o buscar nuevo gasto social es el de inversión, que termina sacrificado cuando no se obtienen los recursos necesarios. Un ejemplo: si la ley de financiamiento del gobierno no es aprobada, se deberá hacer un recorte de 16 billones, fundamentalmente en inversión.

Es precisamente en ese rubro donde se pueden destinar recursos a nuevos proyectos o a gasto social. Por ello, explicó Guevara, el reto es planear presupuestos de manera prudente y distinguir entre lo proyectado y lo que realmente llega a la caja. “Eso obliga a pensar el gasto social con cautela respecto a lo ejecutable”.

Peter Siegenthaler, gerente del Banco Mundial en Colombia.
Peter Siegenthaler, gerente del Banco Mundial en Colombia. Foto: Pablo David.

Pero, claro, cuando sobre la mesa se ponen los temas centrales que en campaña se le ofrecieron a los electores, vienen las dificultades. Uno de los grandes retos del gobierno ha sido la reforma agraria —por ejemplo, la compra de tierras—, donde existen diferencias entre lo asignado y lo ejecutado, en un proceso crucial para la distribución de la tierra.

Guevara señaló, además, que una buena parte del gasto social son las transferencias monetarias directas, subsidios que pocos se atreven a desmontar. Citó ejemplos de reformas anteriores, como Bolsa Familia en Brasil o Familias en Acción en Colombia. Sin embargo, advirtió que no se puede pensar la política social únicamente alrededor de transferencias monetarias; estas deben funcionar como catalizadoras de nuevas rentas.

¿Cómo hacer la política social?

Desde la perspectiva macro, insistió, el reto es la inflexibilidad: con recursos limitados, ¿cómo replantear la política social? Gran parte del gasto de funcionamiento está en educación pública, salud y pensiones. Aunque representan derechos sociales, generan presiones significativas. 

Guevara tocó también un tema sensible, pero trascendental y que poco se aborda que es el de las consecuencias de la guerra. Las pensiones siguen creciendo, no solo en prima media o fondos privados, sino también en regímenes especiales como Fuerzas Militares o Magisterio. “En un país marcado por la guerra, muchos miembros de la Fuerza Pública se están pensionando hoy, lo que genera una presión inmensa. Ese costo asociado al conflicto también se refleja en inflexibilidades del gasto”.

Los retos, dijo, incluyen revisar la política social basada en transferencias y analizar si deben ajustarse las condiciones de jubilación de los regímenes especiales. Sin afectar derechos adquiridos, será necesario pensar en ajustes que abran espacio para un gasto social que beneficie a todos. De lo contrario, el gasto en pensiones y salud seguirá concentrado en grupos específicos, impidiendo una política social más amplia.

Becerra preguntó a Peter Siegenthaler, cómo balancear bienestar y restricción fiscal. El ejecutivo respondió que el rol del Banco Mundial es traer experiencias comparativas y análisis para afrontar el dilema de mejorar el bienestar en un contexto de fuerte restricción fiscal. Señaló que es indispensable ver el sistema fiscal de manera integral: no basta actuar solo sobre ingresos o solo sobre gasto.

Identificó áreas con potencial para ampliar el espacio fiscal y mejorar crecimiento y equidad. En materia tributaria, Colombia genera poca redistribución; su impacto en el Gini es de los más bajos. Propuso simplificar el sistema, racionalizar exenciones —hoy en 8%, un nivel muy alto—, y mejorar la administración tributaria.

También destacó formas de hacer más progresivo el impuesto a la renta de personas naturales, así como la utilidad de impuestos saludables o ambientales para recaudo y bienestar.

Carlos Carrillo, director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD)
Carlos Carrillo, director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD). Foto: Pablo David.

Del lado del gasto, insistió en la importancia de la focalización y de evaluar si los subsidios cumplen objetivos. También mencionó la necesidad de revisar el Sistema General de Participaciones, otorgar más autonomía a las regiones y avanzar en modernización del Estado para reducir rigidez. Finalmente, destacó las reformas pendientes en energía, salud y pensiones, con impacto directo en lo fiscal.

La hora de las dificultades

Carrillo, director de la UNGRD, intervino después y contó de la complejidad para realizar su trabajo en medio de la estrechez económica. Explicó que las personas afectadas por emergencias suelen estar en condición vulnerable y con necesidades urgentes. Son temas para atender que no dan espera. El problema es: ¿de dónde sacar plata?

Ante la pregunta sobre cómo maneja su entidad el balance entre asistencia social y restricciones presupuestales, afirmó que actúa con austeridad. Comparó su situación con la de “un monje budista” que va pidiendo recursos en todas partes, pues pa él este gobierno no priorizó la gestión del riesgo. Añadió que sus afirmaciones pueden costarle el puesto, pero deben ser dichas.

Recordó que durante la pandemia la UNGRD tuvo un presupuesto casi ilimitado, mientras que ahora enfrenta fuertes restricciones. Con 700.000 millones de pesos asignados este año, solo 95.000 millones irán a proyectos de reducción del riesgo, equivalentes a unos 65 millones por municipio. “Simplemente no hay plata”, afirmó.

Se abstuvo de juzgar si esta prioridad del gobierno es buena o mala, pues —dijo— eso corresponde a la ciudadanía. Pero insistió en que la gestión del riesgo no es una prioridad actual, mientras que otros sectores del gasto social sí lo son, como pensiones o transferencias.
Carrillo también miró hacia el futuro y dijo que quien llegue a la Presidencia no podrá hacer grandes obras debido a la inflexibilidad del gasto: sin recursos flexibles, proyectos como esa carretera son inviables.

La moderadora destacó que la intervención de Carrillo evidencia cómo las teorías económicas enfrentan problemas prácticos. Recordó que casi nueve de cada diez pesos del presupuesto están amarrados a funcionamiento.

Preguntó entonces a Guevara por los impuestos, dado que el principal problema actual es fiscal y que no parece haber voluntad —ni facilidad— para recortar gasto.

Guevara respondió que la inflexibilidad del gasto explica por qué cada gobierno, sin importar el color político, debe hacer reformas tributarias. Así ocurrió con Santos I y II, con Duque y con el actual gobierno. Para dejar huella, se necesitan nuevos ingresos.

Recordó que durante su gestión, junto a José Antonio Ocampo, lograron una reforma con elementos progresistas, pero algunas medidas fueron tumbadas por restricciones legales, como la no deducibilidad de regalías. Explicó que se proyectaron 18 billones y al final fueron 12, por decisión de la Corte.

Insistió en que todos los impuestos son impopulares, pero hay que revisar niveles de declaración en personas naturales y jurídicas: alguien que gana 6 millones no es pobre y podría declarar renta.

Sobre el IVA, recordó que es polémico, pero comparado con la región es bajo (19 % frente a 21 %). Dijo que es posible lograr recaudo sin afectar a la “población sanduche” mediante mecanismos inteligentes, como evitar exenciones para personas de altos ingresos en productos básicos o espectáculos. También mencionó la posibilidad de impuestos diferenciados apoyados en tecnología.

Finalmente, afirmó que el próximo gobierno tendrá que hacer una nueva reforma tributaria y buscar recursos frescos, con ajustes milimétricos.

Fue en ese punto en el que criticó propuestas como el “10-10-10” o la “motosierra”, calificándolas de populismo fiscal barato, pues al llegar a Hacienda se evidencia que son inviables.

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