
Jorge Enrique Ibáñez: la delgada línea entre el escándalo y la defensa de la Corte Constitucional
Jorge Enrique Ibáñez Najar, presidente de la Corte Constitucional. Fotoilustración: Yamith Mariño.
De “operador político” a “protector” de la autonomía de la Corte Constitucional, el rol de Jorge Enrique Ibáñez como presidente del tribunal más importante del país fue objeto de múltiples calificativos. Su estilo de confrontación y exposición pública implica no solo apoyos y críticas, sino también una reflexión sobre el papel que debe tener un presidente de alta corte. Análisis.
Las últimas semanas de Jorge Enrique Ibáñez como presidente de la Corte Constitucional fueron bastante agitadas: habló públicamente de reevaluar las vacaciones colectivas de la Rama Judicial para poder entrar a revisar con más rapidez el decreto de emergencia económica del presidente Gustavo Petro; luego pidió suspenderla a pesar de no ser el ponente del caso y después dio una desafortunada entrevista sobre el tema. Todo fue un caldo de cultivo que generó amplia molestia en los ‘pasillos’ del alto tribunal.
La respuesta fue salomónica y contundente: la Sala Plena aprovechó el ‘papayazo’ y por unanimidad le aceptó un impedimento que dejó por fuera al jurista conservador de uno de los asuntos más importantes que la Corte ha tenido que revisar en su historia. Sin él, quien plantó los primeros pinitos de estas competencias hace tres años, la Sala determinó que sí podía suspender ese tipo de decretos. Se trató, al mismo tiempo, de un ‘vainazo’ a Ibáñez por su afán de protagonismo y una forma de evitar que la decisión de la Corte se viera ante la ciudadanía como un episodio más de la ardua disputa que Petro e Ibáñez han protagonizado desde hace meses.
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