El tropicario del Jardín Botánico de Bogotá, refugio para especies amenazadas
El Jardín Botánico José Celestino Mutis, de Bogotá, ofrece un recorrido virtual (con plantas reales) por los principales ecosistemas de Colombia. El tropicario hace posible este recorrido por todos los pisos térmicos y también permite conservar y estudiar especies en peligro de extinción.

Por Catalina Brugman
Como estrategia de conservación y protección de los ecosistemas de Colombia, la subdirección científica del Jardín Botánico José Celestino Mutis de Bogotá desarrolló la iniciativa de crear el tropicario más grande de Suramérica, el cual es parte del recorrido general del Jardín. Se creó para la divulgación del conocimiento y la conservación de las plantas de diversos ecosistemas de Colombia ya que algunas de estas se encuentran en vía de extinción.
El tropicario fue diseñado por el estudio de Arquitectura y Paisaje, DARP, y obtuvo el Premio Mundial de la Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito y también el premio a la Excelencia en la Arquitectura Sostenible en el marco del 37° Congreso Colombiano de Arquitectura y Urbanismo. Para este proyecto fue determinante la conservación de las palmas de cera que rodean al tropicario. Esta especie, que vive más de 100 años, fue declarada árbol nacional y se encuentra en peligro de extinción.
También se buscó que los módulos del tropicario fueran como unos espacios flotantes con requerimientos específicos de altura, temperatura y humedad. Se utilizó vidrio con distintos espesores y filtros y sistemas automatizados de apertura para controlar la temperatura. Cada una de las estructuras funciona como un receptor de agua. Se incorporó una apertura circular en su parte alta para captar el agua de lluvia y conducirla a lagos ubicados en el interior de los espacios, depósitos de agua que se utilizan para alimentar los sistemas de riego de la vegetación en su interior. También existen unos espacios de transición entre las distintas colecciones que permiten al visitante pasar de un espacio a otro, conservando las condiciones de temperatura requeridas en cada uno de ellos.
Las plantas que componen la colección del tropicario provienen de convenios, intercambios, donaciones, salidas de campo, expediciones, métodos de propagación y compras puntuales. Mauricio Bernal, de la subdirección científica del Jardín Botánico, dice que los manglares y la Victoria regia se consiguieron por medio de la propagación. La Fundación Natura ayudó con plantas del bosque seco; el Jardín Botánico de Medellín aportó plantas del Urabá antioqueño para el bosque húmedo e hicieron algunas compras en el Jardín Botánico de Cartagena y en el Jardín Botánico del Quindío. También se realizó una salida de campo con el instituto Sinchi a San José del Guaviare para obtener plantas de esta región, y se hicieron otras expediciones a Sumapaz, Caquetá y Cundinamarca.
Para Martha Liliana Perdomo, directora del Jardín Botánico, “el tropicario es un pedacito de Colombia en el corazón de Bogotá. Es una obra ambiental que en 2.721 metros cuadrados permite conocer las características de los principales ecosistemas de nuestro país. Se puede pasar de las nieves perpetuas en las zonas geomorfológicas de superpáramos (por encima de los 4.200 metros de altitud sobre el nivel del mar) hasta la selva húmeda tropical, el bosque chocoano, el bosque amazónico y las adaptaciones biológicas de las plantas del bosque seco tropical de nuestros valles interandinos. También se puede conocer la gran riqueza que tenemos en plantas útiles y algunas especies de las familias botánicas más amenazadas en el país. Es un espacio que nos hace sentir orgullosos de mostrarle a nuestros visitantes la gran biodiversidad que tenemos como país y nuestra gran riqueza multicultural”.
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