
Salud mental y economía: el eslabón que Colombia no puede seguir ignorando
El siquiatra José A. Posada Villa director del Observatorio de Salud Mental Positiva, ICSN Clínica Montserrate, analiza para Cambio la necesidad de que existan políticas públicas para mejorar la salud mental de los ciudadanos como una estrategia económica fundamental de los países. “Los trastornos mentales cuestan más que muchas de las enfermedades crónicas que ocupan la agenda pública”, dice Posada.
Por: Jose A Posada Villa
Colombia habla de crecimiento, competitividad y desarrollo, pero evita mirar de frente uno de los factores que más silenciosamente erosiona su economía: la salud mental. No es un tema solo de salud, ni un asunto de especialistas. Es un problema económico de primer orden. Y la OCDE lo ha dicho sin rodeos: los trastornos mentales cuestan más que muchas de las enfermedades crónicas que ocupan la agenda pública. Cuestan productividad, cuestan empleo, cuestan cohesión social.
Los datos son contundentes. En los países de la OCDE, los problemas de salud mental representan pérdidas cercanas al 4% del PIB. Si Colombia enfrentara una carga similar, estaríamos hablando de más de 14.000 millones de dólares al año. Esa cifra supera el presupuesto de sectores enteros que consideramos estratégicos. Y, sin embargo, seguimos tratando la salud mental como un asunto periférico, cuando en realidad es una de las variables macroeconómicas más determinantes del siglo XXI.
La evidencia es clara: los países que no integran la salud mental en sus estrategias económicas terminan pagando más y obteniendo peores resultados. No es solo un tema de sensibilidad social. También es un tema de racionalidad económica.
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