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Un sujeto en una zona rural realizando sus labores diarias.
Conflicto armado en Colombia

La violencia sexual contra hombres en el conflicto armado en Colombia: una verdad incómoda y pocas veces contada

Más de 100 hombres fueron reconocidos por la JEP como víctimas de violencia sexual durante el conflicto armado en Colombia, una realidad históricamente invisibilizada. Muchos guardaron silencio durante años por miedo, vergüenza y estigmatización, y recién ahora contaron sus historias ante la justicia.

Por: Gabriela Casanova

En los últimos días, 104 hombres fueron reconocidos por la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) como víctimas de violencia sexual durante el conflicto armado en Colombia, perpetrada por grupos paramilitares y guerrilleros de las Farc. Varias de estas personas no denunciaron en su momento el abuso sexual y guardaron silencio durante años por miedo y vergüenza. Ahora, la justicia les ha dado la oportunidad de dar un paso al frente y alzar su voz.

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“Para un hombre esto es muy vergonzoso” y “cuando mi novia se enteró, pensó que yo era gay” son algunos de los testimonios de los hombres víctimas de violencia sexual, quienes enfrentaron una fuerte carga de estigmatización.

Según los testimonios de los más de 100 hombres acreditados como víctimas, los hechos de violencia sexual, tortura y desplazamiento forzado ocurrieron entre 1998 y 2009 en los departamentos de Bolívar, Magdalena y Córdoba. De los 104 hombres acreditados, 35 eran menores de edad al momento del abuso: 19 tenían entre 5 y 14 años, y 16 eran adolescentes de 13 a 18 años. Todos fueron sometidos a actos de violencia sexual como castigo, humillación y control, en dinámicas de poder de género, en sus hogares, en vías públicas, fincas y zonas de pesca.

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Auto con el que se reconoce a 104 hombres como víctimas de la violencia sexual en el conflicto armado. Créditos: JEP

Según la JEP, la violencia sexual ejercida contra hombres, adolescentes y niños en el conflicto armado es una forma de violencia basada en género, usada estratégicamente por actores armados para imponer control social, económico y territorial. Además, aseguró que la victimización sexual a este grupo poblacional constituye “una de las formas más silenciadas y poco reconocidas de violencia basada en género”.

“Estos hechos de violencia sexual incluyeron violaciones, tortura, desnudez forzada, humillaciones sexuales, amenazas y lenguaje degradante. Los victimarios buscaban quitar la hombría y marcar para siempre a las víctimas. Esta violencia no fue espontánea y la Sala está analizando hasta qué punto pudo ser sistemática y con una finalidad de dominio”, dijo el magistrado Óscar Parra, presidente de la Sala de Reconocimiento de Verdad de la JEP.

Incluso, las víctimas manifestaron que los agresores impusieron el silencio como una forma de control luego del abuso. “Me dijo que no podía contarle a nadie porque me mataría”, relató uno de ellos. La mayoría de las víctimas aseguraron que, en su momento, los perpetradores les advirtieron que debían abandonar sus hogares si no querían que los abusos se repitieran o si deseaban evitar represalias contra ellos o sus familias.

Las víctimas afirmaron tener daños físicos en su integridad física, sexual y reproductiva, como enfermedades de transmisión sexual e imposibilidad para tener relaciones sexuales e infertilidad; y daños psicológicos como ansiedad, depresión, trastorno por estrés postraumático (TEPT), recuerdos intrusivos y flashbacks.

El panorama de la violencia sexual a niños y hombres en el conflicto armado

Según un reporte del Registro Único de la Unidad para las Víctimas en 2022, hasta ese año 2.906 hombres habían sido registrados como víctimas de violencia sexual en desarrollo del conflicto armado, una cifra muy baja en comparación con las 31.303 mujeres afectadas por el mismo delito. El reducido número de declaraciones evidenció la falta de reconocimiento y visibilización de la victimización masculina en este contexto.

All Survivors Project (ASP), una organización internacional dedicada a apoyar los esfuerzos para erradicar la violencia sexual relacionada con conflictos, se ha dado a la tarea de elaborar informes sobre el impacto de esta violencia en hombres y niños, al notar que ha sido menos documentada que en el caso de mujeres y niñas.

Uno de sus informes, publicado en 2022, documentó 75 casos de violencia sexual contra hombres y niños entre 1989 y 2015. Según los relatos, los principales autores de la violencia sexual fueron miembros de las Farc y del grupo paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Las víctimas fueron agredidas mientras cultivaban sus tierras o viajaban por caminos y carreteras donde había presencia de grupos armados. La mayoría fue víctima de violación anal, a menudo por más de una persona y, a veces, en público o en presencia de familiares, además de haber sido atadas y golpeadas.

Las víctimas fueron amenazadas con violencia y muerte si denunciaban los incidentes, y en la mayoría de los casos se vieron obligadas a desplazarse a causa de la violencia sexual. La mayoría reportó graves lesiones físicas y psicológicas, para las cuales no había recibido ningún tipo de apoyo médico o psicosocial.

Los hechos fueron denunciados ante las autoridades en 2019 y 2021. Las víctimas no los habían reportado antes por vergüenza, temor a que sus familias se enteraran, miedo a represalias de los perpetradores o porque sentían que las autoridades no las protegerían.

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Según un reporte del Registro Único de la Unidad para las Víctimas en 2022, hasta ese año 2.906 hombres habían sido registrados como víctimas de violencia sexual en desarrollo del conflicto armado Créditos: Colprensa

La violencia no solo se manifiesta como control del territorio, sino también para el reclutamiento forzado y la utilización de niños. Según la organización, los niños reclutados también han sido sometidos a violaciones y otras formas de violencia sexual o forzados a participar o presenciar actos de violencia sexual contra otros, incluso como castigo por negarse a unirse a un grupo armado.

“Las experiencias de los niños dentro de los grupos armados pueden fortalecer los estereotipos de género en torno a la masculinidad y la invulnerabilidad del hombre, lo que puede hacer que los niños repriman sus sentimientos y eviten pedir ayuda”, dice un informe de la organización publicado en 2024.

Según el reporte, mientras que las niñas son más conscientes de cuándo se ha cometido un acto de violencia sexual contra ellas, los niños no lo reconocen como tal. Por ejemplo, al ser obligados a desnudarse durante ejercicios de entrenamiento militar o ser tocados de manera sexual, los niños lo perciben como parte de la vida militar de un grupo armado.

¿Por qué los hombres callan?

María del Carmen Docal, investigadora sobre violencia de género del Instituto Latinoamericano de la Familia (Ilfarus) de la Universidad de La Sabana, explicó que tanto los hombres como las mujeres son susceptibles de ser víctimas de las mismas formas de violencia. Sin embargo, afirmó que existe una diferencia: las denuncias de las mujeres han recibido mayor visibilidad que las de los hombres.

Docal apuntó que “han sido ellas las que históricamente han recibido la violencia de género”, mientras que los hombres han sido reportados en mayor medida como victimarios y en mucha menor proporción como víctimas.

En cuanto al estigma social, comentó que mientras a las mujeres se les reprocha “no haber sido capaces de cuidarse con argumentos como, por ejemplo, estaba vestida de manera provocativa, estaba borracha, estaba sola en x sitio”, a los hombres se les cuestiona su hombría.

En la cultura patriarcal a los hombres los hemos asociado con la fuerza, el poder y el dominio. En las entrevistas que hemos hecho a los hombres, ellos dicen que cuando cuentan su situación a amigos, familiares e incluso en algunos casos en las instituciones, sienten que se burlan de ellos o no sienten que no los reciban con la humanidad que la situación merece”, dijo.

Sandra Aranzazu Guerrero, trabajadora social de la Comisión Colombiana de Juristas, por su parte, dice: “La violencia sexual es vista como una forma de feminización en la que los hombres pierden su hombría, pues pasan a ser el sujeto dominado y no quien ejerce el dominio y, cuando denuncian, se les puede ver como hombres débiles, que han perdido su fuerza, que no fueron capaces de defenderse o que necesitan quejarse y hacer públicos temas que se considera hacen parte de lo privado; todas estas son características asignadas a las mujeres”.

Sumado a la estigmatización, el prejuicio, los sentimientos de culpa y vergüenza que genera la violencia sexual, otra razón por las que los hombres no denuncian, según Aranzazu, es el desconocimiento respecto a lo que son las violencias sexuales y a la forma en que se presentan en contra de los hombres, que tiene que ver con la negación frente a la posibilidad de que también puedan ser víctimas de estos hechos y la normalización de conductas de tipo sexual no consentido en las relaciones cotidianas.

También la desconfianza en las instituciones es un factor a tener en cuenta a la hora de decidir no hacer una denuncia. “Los hombres reconocen que la posibilidad de alcanzar justicia o de que sus perpetradores encuentren un castigo o una sanción ejemplarizante y acorde con el dolor y el trauma que han atravesado es muy difícil, especialmente cuando se trata de grupos al margen de la ley, pues el hecho de denunciar podría ponerles también en una situación de riesgo, que es otra de las razones para guardar silencio”, dijo Aranzazu.

Por otra parte, para Docal, la cultura machista está tan arraigada que, incluso, las mujeres la reproducen a través de la educación de los hijos e hijas, y utilizan las mismas formas violentas para someter a los hombres. No obstante, señaló que la pandemia puso sobre la mesa las conversaciones en torno a la violencia de género, lo que ha facilitado que los hombres también hablen sobre sus experiencias.

También Aranzazu comentó que “con el acceso a las redes sociales y algunos cambios culturales que ha traído la globalización, y una mayor sensibilización respecto de las violencias sexuales que pueden vivir los niños, niñas y adolescentes, se ha abierto el diálogo y ha aumentado la pedagogía y educación frente a estos temas”.

Además, considera que es importante el papel clave de la JEP, pues es un sistema de justicia que tiene un paradigma restaurativo y además colectivo, lo que ha ayudado a los hombres a hablar en un espacio en el que se sienten seguros, con acompañamiento psicosocial y representación jurídica.

“Ayuda también el hecho de que se encuentren con otros hombres a los que les sucedió lo mismo y darse cuenta de que las afectaciones que sufrieron y los daños con los que tienen que vivir cada día también los están viviendo otros hombres a su alrededor, hombres de quienes no podrían cuestionar su masculinidad porque los conocieron mucho antes de saber sobre sus hechos victimizantes”, agregó.

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