Aguacero de espectáculos
Una sobreoferta de espectáculos teatrales, conciertos y exposiciones que enloquecen a quienes quieren verlo todo ha caracterizado estos dos lluviosos meses de octubre y noviembre. Y en diciembre aún no para.

Por Sandro Romero Rey
La noche en que se presentaba la última función de la ópera Elíxir de amor, puesta en escena por el director de cine Sergio Cabrera en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo de Bogotá, se exhibió, en única proyección, el documental Camilo Torres Restrepo, el amor eficaz, de su colega Marta Rodríguez, en la Cinemateca de la capital colombiana. Había que escoger. El hecho no pasaría de ser más que una trapisonda del destino si no sucediera con sospechosa frecuencia que, entre los meses de octubre y noviembre, se concentran, una detrás de otras, las principales actividades culturales en el país. Hay muchas explicaciones, pero no todas suenan convincentes. La que se argumenta con mayor frecuencia es la de la ejecución de los dineros oficiales. Al terminar el año hay que cerrar los presupuestos antes de que las doce campanadas del 31 de diciembre indiquen que las cuentas no pueden quedar pendientes. Y todos corren a cuadrar caja. Porque cuando llega la Navidad se da por sentada la leyenda urbana de que a la gente se le olvida que el arte existe. Y se cierran casi todos los teatros, con excepción de las orquestas que interpretan el Mesías de Händel.
Entre octubre y noviembre, el asunto se complica. El Festival de Teatro y Circo se tropieza con la Muestra de Documental; la sospechosa “retrospectiva” de Banksy (que por sospechosa no deja de ser interesante) compite con ArtBo y, poco tiempo después, se estrella con la exposición de los cuarenta años de Mapa Teatro
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