
El lento regreso de un dinosaurio
El disco de vinilo, que se había dado por muerto al comenzar la década del 90, ha revivido. No solo los nostálgicos lo buscan. También lo hacen las nuevas generaciones. Pero este ha sido un proceso que aún debe superar obstáculos prácticos.
Por Manolo Bellon
A mediados de los años noventa los apocalípticos anunciaron solemnemente que los discos de vinilo eran historia y que los discos digitales, o CDs, se habían tomado el mundo. Era hora de botar las tornamesas que en todo caso ya no se fabricaban y solo servirían como curiosidades para las nuevas generaciones y los discos de vinilo, tan grandes, delicados e incómodos tenían mejor destino en un basurero. Esos pequeños discos que podían contener, si se comprimían los sonidos, horas de música de excelente calidad sonora, eran fáciles de manejar y almacenar y prácticamente acabaron con el mercado de los discos de larga duración, y otros formatos análogos. Muchos hicieron caso, hasta las productoras de discos dieron de baja y destruyeron las máquinas masterizadoras y prensas de esos soportes sonoros, que hacían parte de la nostalgia de unos pocos que no aceptábamos lo que parecía una dura realidad. Pero, como tantas otras costumbres y tradiciones del siglo XX, los discos y sus reproductores se convirtieron en una curiosidad histórica para nosotros los más mayorcitos.

Regístrate para seguir leyendo
Ingresa tu correo para continuar disfrutando de nuestro contenido.
¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión
Lea los comentarios










