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Cultura

Las develaciones de la verdad

El gran árbol blanco debe regarse para colmarlo con la savia vital que lo hace reverdecer. Con la fuerza de la verdad, sin miedo. La verdad es una segunda oportunidad para la paz.

Mañana lunes 27, por Caracol Televisión, a las 10:30 p.m, usted podrá ver la monumental obra producida por la Comisión de la Verdad a raíz de la entrega de su informa final. Se trata de Develaciones, un canto a los cuatro vientos, una rapsodia que conjuga teatro, música, danza, cantos y videoarte. Sus distintos cuadros presentan el prisma de verdades que la Comisión de la Verdad ha evidenciado a lo largo de su mandato. La actriz, directora, dramaturga y productora Laura García conversó largamente con Iván Benavides, Nube Sandoval y Bernardo Rey, directores creativos de este monumental montaje.

Por Laura García

Al final de Cien años de soledad, y cómo no traerlo a colación, un huracán arrasa con todo. Es un final triste. Un final que han amasado y merecen los hombres y mujeres que no han ejercido la solidaridad, y por eso se han repelido mutuamente o sacrificado sin piedad. El final de Develaciones invoca una reconciliación antes de que nos sigamos eludiendo o matando todos entre todos, un bálsamo de amor. Una fuerza que conjura la unión con los otros. Que nos deslice hacia un país pacífico, equitativo, autónomo e incluyente, y nos niegue a seguir en una lánguida y perturbadora realidad en la que el gran río de la Magdalena debe imperativamente recibir las víctimas que arrojan por doquier los victimarios. Pero no porque seamos del agua, como decía Melquiades en su epitafio de sabio en la novela de marras. Sino porque ya no hay suficientes cementerios en tierra.

Nube Sandoval, Bernardo Rey e Iván Benavides, los creadores de Develaciones, un canto a los cuatro vientos, me hablaron desde un entechado del CENIT (de la Asociación de Centros de Investigación Teatrales) en el municipio serrano de Minca, cerca de Santa Marta, Colombia, donde la naturaleza, los rastreables caminos de antigua piedra, las aguas nervales de Pozo Azul y los aullidos de los micos hacen que, quienes llegan a ese laboratorio de creación a sumar verdades verdaderas a verdades de ficción, más fácilmente abran sus instintos creativos, se conecten consigo mismos, escuchen sus ancestros, desamarren su espíritu urbano y emprendan, ahí sí, juntos, una aventura épico-estética que devele los afanes inconmensurables del ser humano. Allí se desarrolló el embrión de la propuesta hecha por la Comisión de la Verdad y el Teatro Mayor de Bogotá. Allí nació la hija de Nube y Bernardo. Tal vez por eso escogieron ese sitio y no otro para enzarzar leyes con leyendas bajo estrellas tersas y diáfanas.

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