Cine colombiano 2022 ¿Agarrando público?
Tras dos años de encierro y pandemia, el cine colombiano intenta recuperarse del golpe y, más importante aún, adaptarse a la nueva realidad de una industria que ha cambiado de manera definitiva en estos tiempos digitales y de plataformas.

Por Sandro Romero Rey
El 27 de septiembre del año 2019 murió en Bogotá Luis Ospina. Con él, de alguna manera, se iba una generación, una actitud y una ética con respecto a la realización audiovisual. Nadie como Ospina había asumido su oficio hasta sus últimas consecuencias, aferrándose a la dirección, la edición, el sonido, el montaje, la actuación, el cineclubismo, la escritura y la programación de un festival, con una vehemencia y una convicción irrepetibles. Seis meses después, para consolidar el luto del cine colombiano, el 13 de marzo de 2020 comenzó el confinamiento. En el Festival de Cartagena se estrenó, al mediodía de aquel viernes aciago, el documental Balada para niños muertos, de Jorge Navas, sobre la gesta de Andrés Caicedo alrededor del cine. Al salir de la proyección, los espectadores del Teatro Adolfo Mejía debieron huir a sus lugares de origen. Todo ha pasado muy rápido pero después de la tempestad, de las salas cerradas, del encierro obligado, de la arcadia para las plataformas, de la redefinición de los festivales, pareciera que el mundo hubiese que inventárselo de nuevo.
¿Qué es el cine en el año 2022? Y, en particular, ¿cómo definir el cine colombiano después de las lecciones del apocalipsis? Aún es muy temprano para sacar conclusiones pero sí es posible establecer un conjunto de relatos, los cuales dan cuenta de lo que ha sucedido, de lo que nace en el presente y de lo que se anhela para el inmediato futuro. No es un secreto para nadie que la industria del cine ha quedado duramente golpeada. Empezando porque, poco a poco, el lenguaje se ha ido tornando anacrónico: la misma palabra “cine” se suma a términos como “film”, “cinta”, “proyección” y tantas denominaciones que, hoy por hoy, entran con discreción al cementerio de los arcaísmos.
Después de la tempestad, de las salas cerradas, del encierro obligado, de la arcadia para las plataformas, de la redefinición de los festivales, pareciera que el mundo hubiese que inventárselo de nuevo.
Regístrate para seguir leyendo
Ingresa tu correo para continuar disfrutando de nuestro contenido.
¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión
Lea los comentarios










