Ir al contenido principal
Cultura

“La dama de Shanghái”, un clásico del cine al que no le pasan los años

Rita Hayworth, quien en su momento fue llamada la “diosa del amor” y su entonces marido, el famoso director Orson Welles, están cumpliendo 75 años con su célebre película “La dama de Shanghái”. Película de culto, una de las preguntas que genera al rememorarla es qué la ha convertido en un gran clásico del cine.

adiche_de_la_dama_de_shanghai.jpg

Por Gustavo Valencia Patiño
En su momento La dama de Shanghái no tuvo mucho éxito pero con el paso del tiempo comenzó a destacarse por varios factores. Uno de ellos, pertenecer al llamado cine negro (del francés 'film noir') un género que en los años de la posguerra empezaba a tomar en el ámbito internacional. Otro, de carácter extracinematográfico, que la protagonizaban la hermosa Rita Hayworth, el sex-symbol de la época, quien en la vida real era la esposa del famoso Orson Welles, director y coprotagonista de la cinta. Y como si fuera poco, para mayor comidilla de los medios, ellos dos se encontraban en pleno proceso de divorcio.
Así que una de las parejas míticas de Hollywood, conformada por la “diosa del amor”(quien había filmado dos años atrás la inmortal Gilda) y su marido, el muy famoso director de Ciudadano Kane (1941), se unieron para rodar la adaptación de una novela de Sherwood King, con guion del mismo Welles. Para esta realización el director transformó completamente a la diva. Le cambió su pelo rojo natural por un rubio platino y además se lo cortó; le asignó el papel de mujer fatal, "la mala de la película” y, como si fuera poco, la mató al final. Motivos más que suficientes para que al estrenarse la película no gustara, especialmente entre el público masculino, que en su mayoría era absoluto fanático de la fulgurante estrella.
Con todas estas particularidades, Welles realizó la obra dentro de las connotaciones del cine negro, un género que recreaba las condiciones y la intriga, con las debidas convenciones para que suceda el crimen anunciado o inesperado, para darle un giro sorpresivo al argumento como se presume de todo buen thriller. Sin embargo, lo que la hace tan especial y memorable es su clásica secuencia final, conocida como la de “los espejos”, una página magistral en la historia del cine.
Con la multiplicidad de imágenes que producen los espejos, aparecen Rita Hayworth enfrentándose, pistola en mano, a su marido, que también está armado. Orson Welles, el amante traicionado, observa todo. Es un célebre tiroteo que dura escasos segundos, en que se oye la ruptura de vidrios que van cayendo mientras van desapareciendo las imágenes de los protagonistas en los espejos. Mientras todo ocurre, con planos tanto cercanos como de cuerpo entero e incluso con sobreposición, el montaje que realiza Welles le da aún más fuerza al dramático desenlace. Con la velocidad con que cambian los planos, la tensión y el suspenso van en crescendo, en un intercambio de disparos que no se sabe si apuntan al sujeto o a la imagen reflejada en el espejo.

Lo que hace tan especial y memorable a 'La dama de Shanghái' es su clásica secuencia final, conocida como la de “los espejos”, una página magistral en la historia del cine.

Regístrate para seguir leyendo

Ingresa tu correo para continuar disfrutando de nuestro contenido.

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión

Finalización del artículo

Lea los comentarios

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir en redes sociales