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Cultura

Totó, semblanza de una cantadora legendaria

Con motivo del retiro de Totó la Momposina de los escenarios por razones de salud, anunciado a finales de septiembre por su familia y sus productores Astar Artes Recordings, Real World Records y Gotok Music, la revista CAMBIO quiso ofrecer a sus lectores una completa semblanza de la cantadora, preparada por la escritora Patricia Iriarte, autora del reportaje biográfico Totó Nuestra diva descalza. Precisamente, la aparición de la tercera edición de este libro ha coincidido con este momento definitivo en la vida de una de las artistas más reconocidas en el exterior y más queridas por el público en la historia de la música colombiana.

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Esta mujer, de rostro esculpido por el mestizaje, de altos pómulos, ojos rasgados, risa fulgurante y una mata enorme de cabello negro, vino equipada desde hace muchas vidas para hacer vibrar al mundo con su voz. La clave de sol ha sido en ella una especie de estandarte, no solo por razones musicales: habiendo nacido bajo el signo Leo, con ascendente Leo, tiene el Sol por todas partes. De allí su deslumbrante energía y la fuerza de su personalidad, y de allí el don de mando, la creatividad, la decisión. “Eso es fuego puro. Esta leona del Caribe es el Sol mismo en escena”, dijo su médico y amigo Juan Guillermo Ospina, quien la conoció en París en los años 80, cuando él completaba su formación profesional en esa ciudad y ella comenzaba a recorrer el mundo.
Quienes conocen a Totó de cerca saben cómo opera en ella el poder de la música: “En el momento en que canta se olvida de todo”, dicen sus músicos. “En ese terreno no le gana nadie”, afirma su hijo. Walter Fehrman, un periodista del World Music, dijo que “Totó la Momposina en vivo es mucho más que Totó la Momposina. No es fácil describirlo, hay que estar allí y vivirlo, vivir la música, los ritmos, los cantos y los bailes como nunca más se tendrá otra oportunidad…”. Ella es fogosa e hiperactiva en el escenario, pero pausada en la conversación, donde suele adoptar un tono expositivo que parece provenir de una escondida vocación de educadora.
Su vocación artística se manifestó desde que era una niña. Contaba Livia Vides, su madre, que “lo que más le gustaba era estar en los bazares y comparsas, pendiente de todo lo que fuera artístico. En el colegio era la primera en participar en las presentaciones, y yo era la que la organizaba, le hacía el vestuario, le decía cómo se bailaba y al final terminaba siendo la coreógrafa de todo el grupo”.

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Totó cuando tenía nueve años. Foto: Archivo familiar

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