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Cultura

‘Casablanca’ cumple 80 años y se mantiene actual, rutilante y encantadora

Considerada a veces como la mejor película de la historia, 'Casablanca' ha logrado atrapar y deslumbrar a varias generaciones. Desde cinéfilos consumados hasta espectadores han caído ante el embrujo de esta cinta que protagonizaron Ingrid Berman, Humphrey Bogart y Paul Henreid.

Por Gustavo Valencia Patiño
El 23 de enero de 1943, hace 80 años, se estrenó para el gran público esta mítica película. Semanas antes, a finales de noviembre de 1942, se había realizado una función privada que coincidía con el desembarco de las tropas aliadas en la costa norte de África y la captura de la ciudad de Casablanca. Su exhibición comercial en cines se hizo coincidir para más tarde, 23 de enero del año siguiente, en que se realizaba un encuentro de alto nivel entre Churchill y Roosevelt en esta misma ciudad. Es decir, su concepción, producción, filmación y exhibición estuvo siempre en función de la Segunda Guerra Mundial; ha sido este su aspecto más determinante y como tal ha continuado hasta la fecha, ¡ocho décadas después!
Valorada como una de las mejores películas hasta ahora realizadas, el American Film Institute para la conmemoración de los cien años del cine, publicó una lista de las cien mejores películas del cine estadounidense, el primer puesto lo obtuvo El ciudadano Kane de Orson Welles y el segundo fue para Casablanca. Al respecto siempre se ha dicho que mientras que El ciudadano Kane es monumental, Casablanca es adorable y esta acertada caracterización explica el por qué es tan popular, además de que lo emocional y sentimental es su característica principal, que la conserva tan atractiva a los ojos de los millones que la han visto.
Nominada para ocho premios Óscar, ganó el de mejor película, mejor director y mejor guion adaptado. En 2006 la sección oeste de la Asociación de guionistas de cine y televisión estadounidense, eligió su guion como el mejor de todos los tiempos en su lista de “Los 101 mejores guiones”. El hecho mismo de haber ganado tres premios Óscar y de ir adquiriendo, paulatinamente, una gran popularidad, creciente con el transcurso de los años, formula la primer pregunta sobre qué la constituye y conforma para que haya logrado este altísimo punto de difusión y valoración como ninguna otra.

Hay que recordar que en esos años estaba en plena vigencia el Código Hays, con sus estrictas normas de censura, una de ellas contra el adulterio, que no permitía hablar del tema y mucho menos admitirlo.

Que esto haya sucedido solo se explica por la conjunción que se dio de diversos factores fílmicos como extracinematográficos. Entre estos últimos, los de carácter político que, como ya se dijo, enmarcan a la película, su temática y relato. En el argumento se destaca el acto heroico del hombre que renuncia a su antiguo amor y deja que se vaya con el líder de la resistencia contra los nazis.
Humphrey Bogart, en su acostumbrado papel de escéptico y desencantado del mundo, en el último momento de la narración decide dejar que se vaya la hermosa Ingrid Bergman con su marido para continuar la lucha. Es decir, se sacrifica como un acto más a favor de la batalla contra la tiranía del invasor. Romanticismo y compromiso político en su mayor exaltación. En ese sentido es su punto más alto y sublime del dilema que se le presentaba y es el final más apropiado para apoyar una causa que en dicho momento pasaba a ser mundial.
Hay que recordar que en esos años estaba en plena vigencia el Código Hays, con sus estrictas normas de censura, una de ellas contra el adulterio, que no permitía hablar del tema y mucho menos admitirlo. El final necesariamente conducía a que fuera así, sin ninguna apología del adulterio o de destruir un lazo matrimonial. Igual se contempló otro epílogo (dentro de aquella ya vieja costumbre en Hollywood de barajar diversas terminaciones y presentar la más indicada) en el que los nazis asesinaban a este líder de la resistencia. Pero entonces todo perdía su fuerza emocional y combativa, la cual solo se lograba con el final que se dejó y, de paso, se evitaban justificaciones a la infidelidad.
De hecho, hubo oposición de los censores a que el capitán de Casablanca solicitara favores sexuales a cambio de salvoconductos y de que la pareja de protagonistas hubiera dormido juntos en París, por lo que se presentaron estos aspectos de manera implícita y algo disimulada. Al igual que en la secuencia de la última noche en que la Ingrid Bergman va a la casa de Humphrey Bogart y finalmente, renuevan su amor; lo que sucedió quedó insinuado. Era la forma que habían aprendido guionistas y directores de capotear este mojigato y coercitivo código de censura.

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