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Cultura

Eduardo Carvajal, el fotógrafo que creó la imagen mítica de Andrés Caicedo

Forografías de Andrés Caicedo que tomó Eduardo Carvajal.

Sandro Romero Rey, quien el pasado miércoles ganó el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar por la entrevista ‘Hacerse preguntas. Una conversación pendiente con Margarita Rosa de Francisco’ que escribió para CAMBIO, leyó estas palabras que tituló ‘El ojo de la Rata’ durante el lanzamiento del libro 'El mundo de Andrés Caicedo' el pasado 3 de noviembre en el Centro Cultural Lugar a dudas de Cali.

Por Sandro Romero Rey
Hay una antigua advertencia que ronda a los investigadores: nunca te confíes de las fechas, porque las fechas terminarán traicionándote. Así ha sucedido con todos los que nos hemos dedicado, por curiosidad o por destino, a seguir los pasos de la aventura vital de Andrés Caicedo. Una advertencia de vértigo. Porque si con un autor que apenas estaría cumpliendo sus setenta y dos otoños se suscitan tantas dudas, no quiero ni imaginarme lo que consideramos una certeza en relación, qué se yo, a la vida de Salinger, a los estrenos de las obras de Shakespeare, a las representaciones de la tragedia antigua. Pero no nos vayamos tan lejos. Hoy, vamos a celebrar un triunfo de la memoria y vamos a aplaudir a un amigo obstinado, sensible y travieso. Conocí sin conocerlo a Eduardo Carvajal en los años setenta. Lo veía en sus motocicletas de Ángel del Infierno enloqueciendo adolescentes y lo envidiaba en silencio en las puertas del Teatro San Fernando, cuando el Cine Club de Cali vivió su edad de oro. La vida y el cine nos juntó en 1980, cuando Fernando Vélez y Carlos Mayolo filmaron un cortometraje que se llamó Cuentas claras, chocolate espeso, el cual se rodó en su totalidad en la Carretera al Mar, pero nunca se editó y sus rushes nunca tuvieron un Luis Ospina amable que se encargara de guardarlos. Después, estrechamos lazos de complicidad en la filmación de Pura sangre y ya nunca volvimos a separarnos, a pesar de que vivamos en ciudades distintas y nuestros jardines hayan tomado senderos que se bifurcan.

En la medida en que pasan los años, los libros de Caicedo se mezclan con la figura de Caicedo y con el personaje imaginario en el que se ha convertido.

Con Eduardo (todos lo conocen como “La Rata”, pero a mí me cuesta llamarlo así, por mi fobia irracional hacia los roedores) hemos vividos las duras y las maduras, en especial en la década del ochenta. Y, como al viejo sabio de la tribu, nunca he dejado de hacerle preguntas. Hoy mismo lo desperté a la madrugada para aclarar algún dato de estas líneas y me contestó con el afán nervioso que guarda para sus fechas memorables. He tratado de seguir la ruta de sus imágenes de Andrés Caicedo y voy a tratar de sintetizarlas, antes de que estallen los fuegos artificiales y cada cual tome su rumbo. Escribo de memoria y es muy probable que no sea preciso en los datos, pero dejo esta información para curiosos y estudiosos, para que me corrijan o me ajusten, según lo ameriten las circunstancias. Creo que conocí las fotos de Caicedo según Carvajal cuando Hernando Guerrero fue director del Semanario Cultural del Diario El Pueblo. Terminaba la década del setenta y yo comenzaba a dar mis primeros pasos en el periodismo cultural. En aquella época, casi nadie se preocupaba por los derechos de autor (“en un país sin derechos humanos, qué va a haber derechos de autor” era una de las frases maestras de Luis Ospina) y Guerrero publicó algunas cartas de Andrés, acompañadas de fotos de don Eduardo en el suplemento que coordinaba. Quiero decir: el mito de Caicedo no solo lo conforman los nueve tomos de sus obras completas que estamos terminando de publicar con el sello Seix Barral, sino también su hermosa juventud inmortalizada, casi que de manera exclusiva, por la lente certera de Eduardo Carvajal.

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