
En el limbo del alma
Raúl Cifuentes, joven dramaturgo bogotano, logra una conmovedora voz colectiva que narra, pero sobre todo documenta, la diáspora colombiana en su obra ‘Quién sería yo’, recientemente estrenada en el Teatro Libre de Bogotá en el marco de difusión del Legado de la Comisión de la Verdad. Esta obra debería emprender giras por los más apartados lugares afectados por el desplazamiento, pero sobre todo fuera de Colombia, allá donde está el exilio de esta segunda Violencia. A ver si se logra hacer verdaderamente visible el Legado de la Comisión, en vez de seguir hablando entre los mismos.
Por Carlos Mauricio Vega
Especial para CAMBIO
¿Cómo documentar la diáspora colombiana? ¿Tenemos conciencia de que existe una diáspora colombiana de doscientos mil personas anuales en lo que va corrido del siglo, cifra que para 2022 se había casi triplicado? ¿Que esa diáspora está directamente relacionada con la violencia? ¿Cuál es su tamaño, sus causas, su tristeza, sus ausencias, sus nostalgias? ¿Puede narrarse la diáspora colombiana (la que huye de la guerra, de la persecución, del señalamiento, del exterminio), desde lo artístico?
Una de las tareas más arduas que enfrentó la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad (CEV) fue recoger directamente dos mil testimonios de exiliados colombianos en 24 países de los cinco continentes. De ese trabajo, coordinado por el ex comisionado de la verdad Carlos Beristain, salió uno de los volúmenes más nutridos e interesantes del Informe de la CEV, el Capítulo del Exilio: La Colombia fuera de Colombia, que se puede leer aquí: Como resultado de su experiencia, Beristain también escribió un libro a medio camino entre el análisis sociológico y la no-ficción, que recoge los testimonios a su juicio más relevantes: Una maleta colombiana: la experiencia del exilio.
El problema más grave del Legado de la Comisión de la Verdad es el olvido. Terminado el ciclo de su existencia constitucional como entidad del Estado, los 9.000 folios del Informe Final, y los centenares de terabytes de la trasmedia de video, audio y gráficos tuvieron que ser alojados a perpetuidad en los servidores de la Universidad de Notre Dame en Chicago a modo de salvaguarda y respaldo, porque fue la única entidad privada que aceptó ese reto. Si bien la JEP es la titular del Legado y el Archivo General de la Nación su custodio, la inestabilidad política e institucional de este país puede dar lugar a que ambas instituciones desaparezcan o los contenidos sean pervertidos, negados o tergiversados, tal como ocurrió en el pasado gobierno.
(*Terminado este artículo se supo que la Unesco había aceptado la propuesta de la JEP de que el Fondo Documental de la Comisión entre a formar parte de la lista de Memoria del Mundo de la UNESCO).
Ni la enorme edición de los diez tomos del Informe, ni los montajes museológicos que se están demorando como se demora la terminación del Museo de la Memoria, es decir, eternidades, garantizan que el Legado de la CEV permee las capas del imaginario popular y permanezca hacia el futuro. Para no hablar de los conflictos intra e inter institucionales en los Centros de Memoria nacional y distrital, y del descrédito permanente que todo este trabajo sufre por parte de los sectores que descalifican el proceso de paz o niegan sus verdades, lo cual produce un efecto de autismo en donde las partes polarizadas solo se escuchan entre ellas.

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