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De Barcelona hasta el norte de Irán en bicicleta.
Cultura

Las reflexiones del colombiano que le da la vuelta al mundo en bicicleta

Hace un año y siete meses, Felipe Arango R. empezó a pedalear desde Barcelona. Ya ha visitado 15 países en su bicicleta, con la carpa al hombro y la fe puesta en la generosidad de quienes le dan posada. Esta es la historia de una travesía que ya va en Irán, en la compañía de “esa máquina perfecta, sin motor a gasolina y sin ventanas en la que se puede ir a todas partes”.

Por: Juan Francisco García

El viaje empezó hace un año y siete meses en Barcelona. Bicicleta, carpa al hombro, tres mudas de ropa. Un kindle, un celular inteligente, una tablet, los ahorros de toda la vida profesional, cubiertos de camping, estufa y ollas portátiles, un set de baterías, un panel solar. Hoy, después de recorrer Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, República Checa, Austria, Eslovaquia, Hungría, Serbia, Kosovo, Macedonia, Albania, Grecia y Turquía, la travesía va en Irán, ese país del color de la paja en el que según Felipe Arango R. se come el mejor arroz aromático de la tierra.

Arango es un politólogo bogotano de 30 años. Después de trabajar por media década en el Ministerio de Vivienda, después del posgrado, en respuesta a la pregunta existencial de qué quiero hacer con mi vida –que indefectiblemente aparece cuando se asoman los treinta–, optó por viajar sin itinerario rígido, desoyendo a excel y con 55 kilos de equipaje. Soportado en la intuición del niño que sigue siendo. El mismo que bucea desde los doce años, escala desde los catorce y que, antes de pedalear desde Barcelona hasta Estambul, ya había viajado en “caballito de acero” desde Panamá hasta Guatemala y desde Colombia hasta Ecuador.

Este artículo, sin embargo, no es una crónica de su viaje. Para eso está Felipe y las memorias ficcionales que ya escribe. Es, más bien, un compendio de reflexiones de un viajero valiente y asombrado, a la vez optimista y crítico, que devinieron de nuestra conversación unos pocos días atrás en la noche iraní y la mañana bogotana.

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