
'Yo soy yo’, el desgarrador drama de un hombre trans, en la pluma de Ana María Echeverri
La periodista Ana María Echeverri cuenta la historia de Martín Castillo, un hombre trans que debió soportar toda suerte de rechazos, agresiones y violaciones físicas, y la discriminación social. El telón de fondo, la intolerancia y la violencia que desgarran a Colombia.
Por Diego León Hoyos
Ana María Echeverri emprendió la tarea de indagar y reconstruir el universo de una persona trans. El resultado es este libro, una conmovedora y heroica relación de la historia de Martín Castillo, quien debe soportar humillantes rechazos, aterradoras agresiones y violaciones físicas, discriminaciones sociales, obstáculos y dificultades de toda índole, a las cuales logra milagrosamente sobrevivir gracias a una enorme dosis de perseverancia y valor; a una asombrosa comprensión y paciencia para soportar lo peor de la condición humana y a una fascinación casi mística ante el milagro de la vida y la naturaleza. Pero este libro, es mucho más que la dramática historia de la vida de un ser humano y sus tribulaciones: el relato de la vida de Martín, está íntimamente conectado, en toda su brutalidad, con aspectos muy dolorosos de la historia y de la vida de nuestro país; con las aterradoras convicciones y prejuicios de la cultura profundamente machista que nos gobierna, y con la pobreza y la ignorancia que siempre nos han marcado. Por eso este libro es también una reflexión sobre la sociedad y la cultura en Colombia.
La belicosidad colombiana aparece aquí en la zona esmeraldífera, escenario de la infancia de Martín, a quien debemos llamar también Jazmín porque ya desde esa época su alma y su cuerpo estaban escindidos entre la masculinidad y la feminidad, y ese dilema debió enfrentarlo en uno de los sitios más violentos de Colombia: “La guerra no dejaba espacio para pensar demasiado en los niños, ni en las niñas. Solamente había tiempo para salvar nuestras vidas, correr cuando había que correr o esconderse cuando llegaban los tiroteos. Por la noche no se podía salir porque te mataban así fueras hombre, mujer, niño o niña… Era un toque de queda absoluto para que “ellos”- los dueños del pueblo- pudieran tomarse la calle… Allá dirigían la vida unos grupos armados que se autodenominaban los pájaros, que venían de la época de la violencia y eran autodefensas pagadas por los terratenientes, por los poderosos del lugar que habían heredado parte de la mina”.
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