
La crítica, un diálogo sobre la vida actual: ¿quién se cree Bruce Lee para decirnos qué hacer?
Manrike y Xuehka.
El texto de Miguel Ángel Manrique y la caricatura de Xuehka cuestionan la excesiva dependencia de los dispositivos digitales.
Por: Manrike y Xuehka
La vida actual disipa nuestra atención. Una conversación, un almuerzo o la lectura de un libro se ven interrumpidos por el acoso de los mensajes, las notificaciones y las llamadas del celular. Padecemos de lo que los investigadores llaman “distracción digital”. Hemos perdido el poder de fijarnos en los pequeños actos de supervivencia de la naturaleza, en el color de los ojos de quien nos habla y en la belleza de un poema.
La constante inquietud que nos agobia cotidianamente, de querer saber a cada instante qué está ocurriendo fuera de la órbita de nuestros sentidos y pensamientos, nos separa de la comprensión profunda de lo que nos rodea, y del sentido de las palabras que escuchamos del otro. Para entender algo, reflexionó Krishnamurti, tenemos que dedicarle todo nuestro ser, y toda nuestra atención integra, plena y profunda. Aunque, en las circunstancias actuales, este pensador seguramente está equivocado.
La plena atención era una preocupación entre los antiguos. Para Heráclito de Éfeso existían dos tipos de personas: los dormidos y los despiertos. Los primeros, dijo el filósofo, estaban desconectados del logos, del saber compartido, y giraban alrededor sólo de su propio mundo, “que no es otra cosa que un sueño”. Los segundos, por el contrario, estaban atentos al logos, para ellos el mundo era único y común, porque estar despiertos significaba abrir los ojos, salir del sueño, a la naturaleza y la vida que intentaban ocultarse.
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