
Rosario López y Patricia Aguirre, dos maneras de abordar la arqueología desde el arte
En la galería Espacio continuo se presentan dos exposiciones. En el interior, 'Volver a Monsú', de Rosario López, quien reinterpreta desde el arte los objetos, paisajes e historias de una excavación arqueológica. Por su parte, en el espacio que da a la calle denominado La Vitrina, Patricia Aguirre examina y cuestiona la vida del hogar y varios objetos que la componen con la mirada propia de un arqueólogo.
Por: Eduardo Arias
¿Cómo leer con los ojos del arte el resultado de una excavación e investigación realizada con las herramientas científicas de la arqueología y la antropología? De eso se trata la exposición Volver a Monsú, que puede verse como una gran instalación en la que la artista Rosario López utiliza diferentes estrategias y materiales para ofrecer su mirada personal de los objetos precolombinos que encontraron allí en 1974 los destacados antropólogos Gerardo Reichel-Dolmatoff y Alicia Dussán, su esposa.
En las diferentes salas de la galería Espacio Continuo se exhiben piezas de cerámica, textiles, bordados y objetos informes construidos con diferentes materiales (incluso PVC) que de muchas maneras reinterpretan no solamente los objetos que allí aparecieron sino el territorio y las evocaciones mismas de la artista sobre otros viajes similares que ella ha realizado. Como señala Cristina Lleras en el texto curatorial, “La manera como la tierra en Monsú fue ocupada y abandonada en varios momentos propuso, y aún lo hace, preguntas sobre ‘orígenes culturales, relaciones externas y, ante todo, acerca del papel tan extraordinario que las tierras bajas de la Costa Caribe de Colombia desempeñaron en la prehistoria del continente’. (**Cita que ella toma de Monsú, un sitio arqueológico, texto de Gerardo Reichel- Dolmatoff. 1985). Continúa Cristina Lleras: “Para López esas preguntas se extienden por fuera de la circunscripción de un territorio concreto. Monsú es una parada en el viaje más largo que incorpora distintas latitudes para entender tanto las fuerzas invisibles exteriores como las interiores. Es el cuerpo en el paisaje y el paisaje en el cuerpo lo que revela capas estratigráficas íntimas. Ambas búsquedas, la externa y la interna profundamente atadas a materialidades y objetos, revelan formas del hacer y de la vida”.
Como señala Rosario López, la idea de esta exposición surgió como un proceso de depuración después de las investigaciones que ella había llevado en Guaviare, Vichada y Vaupés. “Esta exposición es una vuelta a recorrer esos pasos desde el campo del arte. Yo llevaba un tiempo trabajando con los científicos, con los geólogos, con los biólogos y me dije que era un momento de parar, de volver a la forma y a la no forma en términos de lo escultórico y en términos de la exploración con los materiales”.
La escogencia de Monsú fue obra del azar. Cuando Rosario López visitó el Museo Arqueológico Casa Marqués de San Jorge encontró en la librería una monografía sobre esa excavación que habían realizado Reichell-Dolmatoff y Alicia Dussán en 1974. Ellos ya habían estado explorando en diferentes lugares del Caribe y habían encontrado que la cerámica más antigua de Colombia se encuentra en esa región. Por esa misma razón les inquietaba mucho esta formación, a la que llegaron gracias a una una invitación del propietario de la finca Monzur. Reichell y Dussán encontraron un monte de unos 100 metros de diámetro y una elevación de 18 metros. Empezaron a rastrear unas señales muy particulares y muy similares que habían encontrado en otros lugares de la Costa con esas características, los llamados concheros. A partir de allí Rosario López entró desde la dinámica artística y textil, que además de los objetos también evoca el paisaje. Ella se inventó un viaje por carretera de Bogotá a Cartagena acompañada por su hijo por el Magdalena Medio hasta llegar a la finca de Monsú, que está ubicada muy cerca del Canal del Dique.
Ella visitó la finca en compañía del jardinero de la casa de su hermana en Cartagena. Se le presentó al mayordomo como profesora de la Universidad y le dijo que quería conocer la finca porque había leído sobre la excavación. Ella llevaba el libro de Reichell y el capataz de la finca, muy extrañado, le decía: “No puedo creer que eso sea cierto. Yo nunca le le creía a mi jefe. Yo pensaba que eran puras historias y puros cuentos”.

El uso en la exposición de diferentes materiales y técnicas se debe a la necesidad de reconstruir ese lugar geográfico y todas esas historias y capas de historia que se empiezan a entrecruzar. “Los objetos de piedra, que son como las cantimploras, o los objetos de cuero evocan esa zona ganadera. También evocan esos riachuelos y esas zonas que están más o menos desecadas. Los caracoles son una alusión a la concha de nácar, a esas capas de historia. Las piezas más contundentes de la exposición son los tapices que recrean la estratigrafía o la excavación”, señala. “Tienen que ver con esa idea del soporte y la narrativa de construir esa historia a partir de capas y capas que se van sumando, se van adicionando y que también se van entretejiendo, con el objetivo de dejar ahí depositados los mismos motivos que habían sido dibujados, marcados o perforados en las cerámicas que esta pareja de arqueólogos encontraron tanto en Monsú como en otras excavaciones”.
Rosario López nació en Bogotá en 1970. Estudió en la Universidad de los Andes y luego en el Chelsea College of Art and Design en Londres. Su principal medio es la escultura y se apoya en el registro fotográfico. Ha participado en exposiciones en distintos países, ejerciendo la docencia en centros académicos como la Universidad Nacional de Colombia y la Universidad de Canberra, en Australia. Su estudio está ubicado en Bogotá.
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