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Cultura

21 mujeres escriben sobre sus partos

Ilustración de las compiladioras con sus hijos.

Cristina Consuegra, antropóloga y cocinera, y Alejandra Hernández, artista plástica, recopilaron sus testimonios y los de 19 mujeres más acerca de sus experiencias durante el embarazo, el parto y la lactancia.

Por: Redacción Cambio

Una de las novedades que ofrece en la Feria Internacional del Libro de Bogotá la editorial independiente Laguna Libros es Partos, una compilación de historias que realizaron Cristina Consuegra y Alejandra Hernández sobre la experiencia de 21 mujeres cuando dieron a luz.
Estos textos muestran diferentes maneras de afrontar este momento en que una nueva vida se asoma al mundo. Estos relatos hablan de partos en hospital y casa, vaginales y por cesárea, en el campo y en la
ciudad. Este libro, con prólogo de la poeta Andrea Cote, muestra que hay tantas maneras de dar a luz como mujeres que lo han hecho, y recuerda la fuerza que nace al contar nuestras historias.
Cristina Consuegra es antropóloga y cocinera. Investiga sobre la ecología afectiva e historia cultural de los alimentos, y hace proyectos de arte y cocina. También trabaja como consultora en iniciativas de conservación de la biodiversidad y del patrimonio culinario en diferentes territorios de Colombia. Por su parte, Alejandra Hernámdez es pintora y dibujante. Vive y trabaja en el campo junto a su familia. Se interesa en desarrollar proyectos editoriales, hacer fermentos, cortar pelo y aprender sobre las propiedades de las plantas.
Cambio reproduce el texto que escribieron las compiladoras, en el cual se cuenta la manera como fue tomando forma el proyecto y en el que explican las motivaciones que lleraron a las 22 protagonistas de este libro a compartir sus historias. Primero entre ellas y luego al público, a través de este libro.

Poner el cuerpo, convocar la sangre, escribir el parto

Por Cristina Consuegra y Alexandra Hernández
Cuando tenía cerca de tres meses de estar esperando a Silván, Gaëlle y otras amigas coincidieron en recomendarme los libros de Ina May Gaskin, una partera icónica de Estados Unidos que ha dedicado su vida a defender el parto natural y ha logrado susurrarnos —como lo hace Angélica Páez en el relato con el que abre Partos— que en nuestros cuerpos e imaginación se encuentra consignada la memoria del parto. El parto de la primera mujer que somos todas las mujeres. La voz de Gaskin no es la única presente en sus libros. Además de convocar con su oficio al cuerpo colectivo de mujeres que la habitan, en sus libros pasa como en este libro: varias mujeres narran sus historias de parto. Leí muchas veces los relatos de esas mujeres que no conozco, pero en las que me reconocía así no hubiera parido todavía. Silván tomaba forma adentro mío y yo buscaba en la experiencia de otras la imagen propia, queriendo hacer carne la fuerza y la confianza que me transmitía cada testimonio.
Nació Silván y con un grupo de amigas de infancia, todas madres primerizas recientes, abrimos un chat. En medio de la dieta, yo seguía afectada por la noche iniciática del parto. Era de día afuera, pero en mi cuerpo estaba latente la imagen de la oscuridad abismal en la que transcurren los partos. Recuerdo sentirme toda vientre. Lloraba al rememorar lo que había pasado, lo que aún percibía como una apertura radical de mi cuerpo, y también en agradecimiento por la mujer que había recibido a mi hijo. Parir reforzó mi admiración por la partería y las parteras, y por quienes honran, respetan y cuidan, también desde el sistema médico, los nacimientos de nuestros hijos. Verme parir también sembró en mí el deseo de ver parir a otras mujeres, de ser testigo de las formas tan particulares y diversas en que transitamos y resolvemos la misión de partir y partirnos, el rito de paso de traer al mundo una vida que le pertenece al mundo y frente a la que somos tierra y canal.
Les pregunté por sus partos en el chat. Ángela fue la primera en contarnos su historia. La escribió y la leímos. Luego vinieron las de Ana Lucía y la mía, ambas reunidas en este libro. La idea de Partos surgió ahí, en ese primer intercambio. Pensé en que una forma de corresponder a las mujeres desconocidas a quienes había leído podría ser a través de una compilación de historias de parto que reuniera la experiencia de mujeres que sí conocía y habían estado cerca a mí durante el embarazo. De esas primeras mujeres había aprendido sobre el valor del testimonio en su singularidad y que este puede convertirse en aprendizaje colectivo. Recoger estas historias sería una manera de hablar entre nosotras, y de atizar por medio de ellas una red de afectos que la maternidad reitera como necesaria. Pensé, asimismo, en la urgencia de un proyecto semejante, por un lado, para restituir la tradición de cuidarnos entre mujeres y aprender, desde nuestras propias experiencias, las unas de las otras; y, por otro lado, que va de la mano, para hacerle frente a la medicalización del parto, la violencia obstétrica y la normalización de la narrativa dominante de la salud sexual femenina que hace creer que no somos soberanas de nuestros cuerpos y tampoco dueñas de nuestros partos.
Le conté la idea a Alejandra Hernández y nos juntamos en la intención de reunir al grupo de mujeres que ahora son las autoras de Partos. Ya no serían únicamente mujeres cercanas a mí, sino a las dos. Además de nuestra amistad, Alejandra había hecho una serie de dibujos en los que aparecen su hija y ella, y que llamó Dibujos de siesta, porque los hizo a partir de fotos durante las siestas de Uma. Estos dibujos, que son todos azules, aún me cautivan. Ella me habló con ellos, así como las mujeres de los libros de Gaskin. Alejandra también fue clave para hacer que este libro fuera más que una autopublicación casera que yo pensaba encuadernar a mano. Gracias a ella le propusimos el proyecto a Laguna, que aceptó y a su vez trajo la voz de otras mujeres escritoras.

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