
Botero, eterno. Por Marta Orrantia
En crónica exclusiva para Cambio, la escritora Marta Orrantia describe la presencia abrumadora del artista Fernando Botero en Roma y Pietrasanta. Sus esculturas monumentales se expondrán en los lugares más emblemáticos de la ciudad en lo que será la retrospectiva más grande que se ha hecho en Roma de la obra de Fernando Botero.
Por: Marta Orrantia
Es 11 de julio y la ciudad se despierta ardiente. A las ocho de la mañana ya se percibe un calor abrasador. Todavía las calles no están llenas de turistas, y solo se ven romanos caminando de prisa, con un café en la mano, para llegar a tiempo al trabajo. Al pasar por las plazas que ya son tan familiares, algo los sorprende. Algo ha cambiado. Los obliga a detenerse, a mirar de nuevo, a preguntarse si esa estatua siempre ha estado ahí, junto al obelisco, o allá, frente a la iglesia, o en esa terraza, mirando a Roma.
No. No estaban allí. Se acercan a verlas mejor. Los bronces negros brillan bajo el sol violento del verano. Un caballo en el Largo de Lombardi. Un gato en la plaza de San Lorenzo in Lucina. Adán y Eva en la plaza del Popolo. Mujeres sentadas en San Silvestro y España. Mujeres acostadas, la ciudad a sus pies, en la Terraza del Pincio. Algunos reconocen, en las formas redondas y sensuales de las esculturas, en el desparpajo y la alegría de sus formas, el estilo inconfundible de su autor: el colombiano Fernando Botero.
Estas esculturas monumentales, que estarán en algunos de los lugares más emblemáticos de la ciudad hasta el próximo 1 de octubre, son el preludio de lo que será la retrospectiva más grande que se ha hecho en Roma de la obra de Fernando Botero y que se inaugurará el próximo 16 de septiembre en el Palazzo Bonaparte.
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