
'El té de la señora Meng', un homenaje a la lucha por la dignidad en clave de novela
Ignacio Izquierdo.
El olvido se apodera de quien bebe un té de cinco sabores a base de hierbas que crecen en diferentes estanques y arroyos en la tierra. La receta de este brebaje está en ‘El té de la señora Meng’, la nueva novela de Ignacio Izquierdo Ruíz.
Por Hernán Darío Correa
Especial para CAMBIO
El té de la señora Meng, de Ignacio Izquierdo, es una novela conmovedora que nos sorprende por su confección narrativa, y por la profundidad de sus alcances reveladores de lo que hemos sido, llevados por las aguas que nos han traído hasta el cenagal nacional que ahora intentamos transformar contra las peores tradiciones del ejercicio del poder, de la disputa por la verdad, y del complejo sentido del ser personal y colectivo en el país de las últimas tres generaciones. Envueltos en los saltos sucesivos de unas transformaciones que ante todo han apostado por el sacrificio de la dignidad, nos hemos visto obligados a una lucha por sostenerla y reinventarla desde el amor, la fraternidad y la autenticidad, que en este caso se pulen y revelan con la escritura literaria.
El paso a paso del destino personal de su autor, que se va abriendo camino desde la trama familiar hasta la conciencia plena de sí conquistada a través de la escritura, pasando por las aventuras de libertad propias de la infancia y la adolescencia, y de sumisión y lucha en la adultez, se despliega aquí como un relato esencialmente onírico que renuncia de modo explícito a la secuencia lineal del tiempo y a las causalidades simples del destino, y nos lleva como lectores a la deriva por el mundo de lo vivido como universo de lo siempre soñado…
Se trata de un relato que se hace a tientas, hilvanando pequeñas historias tan bellas como intensas, densas y al mismo tiempo livianas que en su secuencia van dejando hitos en el laberinto de toda una época, la de los últimos 70 años en el país, contadas por un abuelo que se resiste a tomarse el té del olvido y nos permite asumirnos como lectores de nuestra propia vida.
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