
Las mujeres poetas se reúnen en Roldanillo
En el Museo Rayo, en Roldanillo, Valle del Cauca, se lleva a cabo el Encuentro de Poetas Colombianas, que en 2024 celebra su edición 40 y en el que alrededor de 250 mujeres poetas dejarán oír su voz en este escenario.
Por: Eduardo Arias
En 1984 la poeta Águeda Pizarro, actual directora general del Museo Rayo, creó el Encuentro de Poetas con el apoyo de su esposo, el maestro Omar Rayo. Fue el primero en Colombia que reunió a mujeres poetas y desde entonces se ha llevado a cabo todos los años. Como ella recuerda, al primer encuentro fueron siete poetas. En la actualidad estimula y pone en circulación la obra poética de cerca de 250 escritoras que cada año se dan cita en Roldanillo para leerse y escucharse. Varias de ellas proceden de comunidades afrodescendientes y de pueblos originarios de ancestros prehispánicos. El encuentro nació porque Águeda Pizarro quería conocer a las poetas de las regiones aledañas y también conocer a mujeres que, como ella, escribían. “Empezamos a hacer una antología de los encuentros y publicábamos estos libros artesanales construidos por Omar Rayo. Esas ediciones son las memorias de todos los encuentros. Llegaron otras mujeres de otras partes, llegaron las poetas negras”, recuerda.
En el encuentro de este año están programadas las indígenas misak y las cantaoras del Patía. Las actividades serán muy variadas. Habrá lectura de poesía, presentación de ponencias sobre literatura de la mujer, talleres creativos de escritura poética, al igual que expresiones culturales de las delegaciones de comunidades raizales, actividades a las que tienen libre acceso las escritoras participantes y el público.
El encuentro es de libre acceso bajo inscripción previa. Por tradición se reúnen escritoras altamente reconocidas, quienes dialogan con autoras que están encontrando su voz poética y aquéllas que inician su periplo creativo. Ya han confirmado su participación Carmiña Navia, Gabriela Arciniegas, que presentará su trilogía Helena, la reina condenada, Andrea Cote, Gabriela Castellanos, Mery Yolanda Sánchez con su reciente libro Carta a Lucía, Marga López, Juana María Echeverri, Martha Patricia Meza, Guiomar Cuesta, Ana Mercedes Vivas, Betsimar Sepúlveda y Clara Schoenborn.

Mantener este encuentro no ha sido tarea fácil. Sin embargo, Águeda Pizarro se ha mantenido firme en su empeño. “La poesía es necesaria para la vida porque viene de lo más profundo del sentir de las personas. Y del pensar también. La poesía atraviesa todas las artes. La poesía también está en los orígenes, viene de la misma lengua hablada, de los idiomas hablados”. Ella además enfatiza que el encuentro es anti académico. “Es libre, es acerca de la libertad, es acerca de la comunión entre las mujeres que escriben y es importante que haya Encuentros de Mujeres. En la historia de la literatura hemos sido excluidas. Empiezan a encontrarse poetas en todos los siglos, en todos los momentos históricos, que nadie sabía que existían”.
CAMBIO también habló con Gabriela Arciniegas, Ana Mercedes Vivas y Giomar Cuesta, tres de las poetas invitadas, acerca del encuentro y el panorama de la poesía en Colombia.
CAMBIO: ¿Cómo ha sido la evolución de este encuentro en sus 40 años de historia?
Gabriela Arciniegas: Yo empecé a venir desde 1991 con mi mamá, Aurora Arciniegas, y aunque llevo unos años sin volver por haber estado viviendo fuera del país, debo decir que personalmente le debo mucho a Roldanillo y al encuentro. Para mí, el museo Rayo siempre fue una escuela de poesía. Un lugar que me permitió aprender de todas las demás poetas, de sus historias de vida, de sus lecturas, de sus regiones. Y así como yo crecí poéticamente en este espacio, también vi crecer a otras mujeres, quienes llegaron por primera vez deseosas de ser escuchadas, con mucho por decir pero muchas sin la posibilidad de ser guiadas. Águeda les prestó esa guía de la mano de las “almadres”: Maruja Vieira, Marga López, Gloria Cepeda, María Teresa Ramírez. Ha sido muy bonito ver cómo las publicaciones del concurso se ha ido volviendo un catálogo de lo mejor de la poesía femenina colombiana.
Ana Mercedes Vivas: El encuentro ha ido integrando voces, posturas, identidades. Cuando muchos festivales o eventos no integraban a las mujeres de los territorios, el Encuentro de Mujeres Poetas de Roldanillo, ya sumaba a las poetas negras de Buenaventura, a las narradoras orales del Patía, a las mujeres de las comunidades misak. Pero también a las víctimas del conflicto o a quienes simplemente necesitan contarnos cómo es “ese cuarto propio de palabras” que les permite ser libres.
Guiomar Cuesta: El encuentro se inició con siete poetas y hoy asistimos más de 150 mujeres poetas de todas las regiones del país. El encuentro ha abierto sus puertas a todas las poetas, sin discriminación alguna. Veníamos de un aislamiento y un desconocimiento total, las unas de las otras, y gracias al encuentro hoy somos una hermandad que comparte durante seis días sus poemas, sus entrañas. Contamos con la historia y las raíces de las cuales carecíamos, incluyendo a las poetas juglares, a las poetas indígenas y afrocolombianas, esto era impensable hace 40 años. Por supuesto, el Encuentro nos cambió radicalmente el panorama de la poesía colombiana, al haber ingresado las mujeres a este núcleo abierto, donde se ha democratizado la poesía, sacándola de los estrechos círculos masculinos, que entonces manejaban, a su acomodo, la poesía colombiana.
CAMBIO: A lo largo de su historia, ¿qué impacto ha tenido el encuentro en el reconocimiento de las mujeres poetas en Colombia?
G. C.: Poetas que se desconocían y las ganadoras de los Premios Ediciones Embalaje del Museo Rayo han salido a la luz y se han dado a conocer gracias al Encuentro de Poetas Colombianas de Roldanillo. Soy la gerente de Apidama Ediciones y la labor del poeta Alfredo Ocampo Zamorano y la mía se ha concentrado en publicar a las poetas colombianas y en especial, a las afrocolombianas,. Ha sido a través del encuentro como las descubrimos y las publicamos. El encuentro ha sido definitivo para descubrir y lanzar a las poetas colombianas también en sus Ediciones Embalaje, las cuales difunden la obra de las poetas ganadoras del premio anual del encuentro y que muchas veces no se conocen en el país. Es el caso de la poeta Graciela Rincón, quien fue descubierta por el encuentro con uno de sus premios y hoy viaja por el mundo entero dando a conocer su obra.
G. A.: Si bien es cierto que esta antología en crecimiento podría tener mayor presencia en librerías y movimiento a nivel nacional, sí creo que quien ha sido publicada en estas ediciones, por ser este concurso el único que se centra en el trabajo de las mujeres en nuestro país, se va volviendo un referente para nuevas generaciones. Creo que esta labor de Águeda Pizarro, con este concurso Ediciones Embalaje, con la importancia que tiene para las mujeres poetas colombianas, necesita más reconocimiento, no solo a nivel nacional sino internacional. Pero en nuestro país está todavía la deuda de reconocer el trabajo de creación poética de las mujeres y darle el lugar que se merece en la historia de la literatura.
A. M. V.: En el encuentro hemos nacido a la poesía muchas mujeres que sin el impulso de las Ediciones Embalaje no hubiéramos publicado nuestros primeros poemas. El encuentro promueve además el concurso Ediciones Embalaje que hoy convoca su versión número 32. Las publicaciones del museo son más de 120 poemarios de mujeres que compilan no sólo el concurso, sino parte de la poesía que se lee durante los días del certamen, así como libros de algunas autoras.
CAMBIO: ¿Cómo ven ustedes el panorama de la poesía en estos tiempos que vivimos?
A. M. V.: Yo diría con Gabriel Celaya: “poesía para el pobre, poesía necesaria como el pan de cada día, como el aire que exigimos 13 veces por minuto, para ser y en tanto somos, dar un sí que glorifica”. Mientras más duros los tiempos, más necesitamos la poesía. Nosotros desde el encuentro, hemos comprobado muchas veces el poder que tiene la poesía de la mujer para sanar heridas, para contar las historias detrás de esas heridas y transformar vidas. Así ha ocurrido con varias mujeres invitadas al encuentro que han sido víctimas del conflicto. La palabra poética es ese hilo que cierra las heridas.
G. C.: Como siempre, en épocas difíciles y de crisis, como la que vivimos, los talentos poéticos afloran. Muchas personas se niegan a reconocer su lado sensible, pero otros mitigan su soledad a través de la poesía. Y podría pensarse que en una época tan compleja y dura, como la que atravesamos, el amor y la poesía están mandados a recoger, pero no es así. Es el fundamento en el que muchos jóvenes e incluso, adultos, pueden reafirmar y soportar difíciles situaciones, que de otra forma sería impensable. Los duelos, las crisis familiares y sociales, el desarraigo y la lejanía de las parejas, hoy día, llevan a buscar un paliativo, y la poesía es justo esa válvula de escape, esa posibilidad de transmitir el dolor y de compartir tantos sentimientos escondidos, a los cuales se les debe dar curso, para no morir en la soledad y el aislamiento.
G. A.: En este contexto tan mercantilista, no solo de los editoriales, sino de la sociedad misma, donde prima el amarillismo por encima del pensamiento y de las artes del alma, este ámbito es difícil. Sin embargo cabe mencionar por ejemplo el trabajo del Fondo de Cultura Económica, cuyo reciente catálogo de autores colombianos está incluyendo poesía, dentro de la cual figuran autoras como Mary Yolanda Sánchez, María Mercedes Andrade, Velia Vidal. El hecho de que una editorial de ese nivel esté publicando poesía colombiana quizá no hable de lo “comercial” de este género literario, pero sí de alternativas de publicación que ven la necesidad de propagar la poesía como uno de los pilares del pensamiento, tan fundamental como la filosofía para producir cultura y crecimiento del alma humana.

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