
‘La compañía de las bestias’: una lúgubre de Bogotá en tono policiaco
En ‘La compañía de las bestias’, el escritor y poeta Felipe Agudelo Tenorio, a través de Gotardo Reina y sus otros personajes, recorre una Bogotá muy personal y aprovecha para reflexionar acerca de cómo el crimen organizado ha permeado a casi toda la sociedad.
Por: Eduardo Arias
Una Bogotá a ratos irreconocible, otras veces muy familiar, pero por lo general sórdida, oscura y lúgubre, es el telón de fondo de La compañía de las bestias, una novela de intriga policial en la que Felipe Agudelo Tenorio, su autor, también reflexiona acerca de la manera como se manejan los hilos del poder, e indaga acerca de esa delgada cornisa que separa lo justo de lo justo y lo legal de lo ilegal.
La compañía de las bestias es el tercer volumen de una saga que protagoniza Gotardo Reina, un detective privado interesado en encontrar mujeres desaparecidas, entre ellas su propia hermana. Búsqueda incesante y Murallas infinitas fueron las dos entregas anteriores en las que Reina, junto con H (Hortensia), su asistente y mano derecha, se internó en mundos insospechados por intentar esclarecer crímenes en los que las víctimas eran mujeres.
Esta tercera incursión de Reina en inframundos variopintos comienza cuando lo contacta Cristina, una adolescente que le pide que busque a su tía que acaba de desaparecer, lo que lo obliga a enfrentar a una peligrosa organización criminal internacional que carece de límites y de escrúpulos. Una gran fábrica del mal que opera en las profundidades de una Bogotá oscura, despiadada, y a la que se la conoce en el bajo mundo con el nombre de La Compañía. En sus indagaciones, Reina obtiene algunas respuestas, algunas de ellas inesperadas.
Felipe Agudelo Tenorio es poeta, narrador y guionista. Nació en Bogotá. Ha publicado novelas, libros de cuentos y poemarios. Ha colaborado con periódicos y revistas culturales en varios países y también ha escrito guiones para telenovelas. CAMBIO habló con él acerca de su novela y de su quehacer literario.

CAMBIO: ¿Cómo surgió Gotardo Reina y por qué decidió crearlo?
Felipe Agudelo: La saga de novelas que tienen como protagonista a Gotardo Reina, que ya va por la tercera entrega, y que la empecé a trabajar hace siete años. Creo que surgió de mi interés por escribir novelas en las que pueda explorar e interrogar la sociedad colombiana y especialmente a Bogotá. Me importa escribir novelas que enseñen y cuestionen lo contemporáneo y, por tanto, lo urbano, que es el paisaje preponderante en el mundo actual. Por eso las tres novelas tienen como personaje de fondo a Bogotá, una ciudad que cada vez más adquiere características que la convierten en una ciudad literaria, como tantas otras de las grandes urbes del planeta.
CAMBIO: ¿Qué lo impulsó a dedicarle tanto esfuerzo y años a esta saga?
F. A.: Al comenzar la saga sabía que iba a tocar la violencia contemporánea. No quise insistir en los temas más tratados, como la violencia y el narcotráfico, pues creo que nos amenazan otro tipo de violencias, más cercanas y cotidianas. Y que, además, están más cerca de las preocupaciones de la gente y más lejos de las de los políticos, pues estas últimas desnudan sus fracasos. En Colombia, por ejemplo, aunque el relato central de nuestras violencias es rural, originado en los campos y en la lucha por la tierra, hace ya varias décadas que las violencias urbanas muestran crecimientos superiores. El crimen en las ciudades es ya mayor que en los campos y eso se traduce en la sensación de inseguridad que mantienen los habitantes de las principales ciudades.
Cada vez más y más, cuando se hable de paz, esa vieja utopía nacional, tendremos que hablar, pensar e incluir a las ciudades, hoy en día infectadas por centenares de organizaciones criminales.
CAMBIO: ¿Por qué se interesó en desarrollar la novela (y la saga) en torno a los desaparecidos y al tráfico de mujeres?
F. A.: Uno de los crímenes que más me horroriza es el de la desaparición forzada de personas. Que en Colombia tiene cifras altísimas. Y este crimen a su vez se liga con los cometidos en contra de las mujeres. En nuestro país hay centenares de miles de desaparecidos. La mayoría por causa del conflicto social, sí. Pero estos tienen sus dolientes, sus organizaciones de parientes y su aceptación en las cortes. Sin embargo, ocurre uno más silencioso y es el de la cantidad de personas que son desaparecidas por causa de la codicia. De estas, la mayoría son mujeres y niñas, raptadas con el fin de ser explotadas por mafias multicriminales que operan en muchísimos países. Hoy en día han resurgido formas de esclavitud, a la que son sometidas millones de personas. Unas veces para ser explotadas laboralmente, otras para serlo sexualmente.
Desafortunadamente, Colombia figura desde hace décadas como una de las protagonistas de este drama criminal contemporáneo. No solo ‘exportamos’ muchísimas mujeres, tanto de manera forzada como voluntaria, sino que las mafias colombianas, en su afán de diversificación, han grandes partícipes y promotoras del negocio.
CAMBIO: Aunque se habla de él, no es un asunto muy destacado en las agendas informativas.
F. A.: Sé que esto visto rápidamente y de manera general no significa mucho para la mayoría. Pero quien lo quiere ver desde la perspectiva de aquellas que terminan siendo víctimas directas o parientes de quienes sufren semejante grado de violencia es otra cosa. Este crimen es nuestro dólar de cada día en Colombia. Las mujeres, las niñas y los niños desaparecen, son raptados, vendidos y sometidos a situaciones y dolores inenarrables.
Gotardo Reina y su familia son víctimas de ello. Su hermana menor fue raptada y desaparecida siendo una niña. Esto impulsó a Gotardo a convertirse, sin nunca haberlo querido, en un investigador privado. Es decir, un hombre común ve como su vida cambia de rumbo a raíz de una tragedia. Es el dolor de él y su gente lo que mueve a Gotardo a investigar este género de crímenes. Y en ese camino encuentra que su dolor es el mismo de mucha gente.
CAMBIO: Usted sitúa a sus personajes en una Bogotá paralela. Algunos de talles son evidentes. El río Vicachá no ha sido canalizado, existe una red de metro con al menos tres líneas y también la antigua planta de Cementos Samper. Otros no son tan obvios o se ciñen a la realidad. ¿Qué tan ficticia es esa Bogotá?
F. A.: A pesar del tema de fondo de la saga, la novela no está escrita de manera oscura, ni escabrosa. Gotardo es un hombre que, pese a todo, vive su vida. Él se mueve por toda Bogotá, la recorre de sur a norte y de oriente a occidente, trata con personas de todas las clases sociales y de todas las clases morales. Es un tipo que le gusta fumar, beber ron, caminar y hacer largos recorridos. Pero la Bogotá que él habita y sufre es y no es la nuestra. Es una Bogotá pegada de la real, pero corregida por la fantasía. En esas páginas muchos reconocerán lugares, pues son reales, y otros verán una ciudad imaginada.
CAMBIO: La novela muestra la delgada línea que separa la ley de lo ilegal y la justicia de lo injusto. Que la ley muchas veces es injusta y arbitraria. ¿Cuáles son sus reflexiones al respecto?
F. A.: En la realidad, la frontera entre la ley el crimen es difusa. A veces uno cree que la ley la hacen los criminales. Responder esto bien es largo. Pero le diré que la novela negra, la que surgió en el mundo anglo hace más de un siglo, rompió con la novela policíaca, puesto que cuestionó quién es en verdad el criminal. Para la novela policíaca clásica este era un individuo malo, por responsabilidad propia y que debía ser castigado por una sociedad buena. Este género de novela es reaccionario. Pero la novela negra ha venido responsabilizando a la sociedad de lo criminal. Este género de novela es eminentemente crítico.
CAMBIO: ¿Por qué la novela negra es tan eficaz para reflexionar acerca de la condición humana y la vida en las ciudades?
F. A.: Para mí, la literatura es una forma de conocimiento tanto del mundo en el que vivo como del ser humano que soy y que somos. Además de esto, de por sí me atrae el género, la llamada novela negra, pues es la que pone en el centro de sus preocupaciones el viejísimo problema del mal. Creo que en estos tiempos, en los que muy diversos peligros aparecen en el horizonte de todas las sociedades, este género parece adecuarse, mejor que otros, a narrar lo que nos pasa y lo que nos preocupa. Esto no sólo acontece en Colombia sino en los demás países del mundo. Tal vez por eso es por lo que la novela negra está en auge. Lo cual se puede constatar en la gran cantidad de autores que la cultivan, especialmente en los países europeos y en Estados Unidos, aunque haya escritores en todos los continentes e idiomas. Esto se evidencia también en la cantidad de series televisivas de este corte y en multitud de películas.
En todo caso es llamativo que en todas partes sus escritores y lectores sean cada vez más. Salvo que este género plantea dificultades especiales en América Latina y en Colombia, por supuesto, donde son aún pocos los escritores y los lectores. Sin embargo, tiene grandes posibilidades. Pues es un género que ofrece a la vez diversión y conocimiento. Y preguntas y respuestas.
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