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Iglesia de San Diego
Iglesia de San Diego, principal símbolo arquitectónico del barrio.
Cultura

Cuando San Diego se convirtió en parte de Bogotá

San Diego, un barrio de lo que hoy se considera el centro de Bogotá, durante muchas décadas fue un arrabal y luego el extremo norte de la ciudad. Esta semblanza muestra la historia de lo que hoy también se conoce como Centro Internacional.

Por: Manuel Nieto

En 2025 Bogotá tiene cerca de ocho millones de habitantes y se extiende sobre casi 164.000 hectáreas. En 1890 Bogotá no alcanzaba a tener 100.000 habitantes que vivían en un área de 260 hectáreas. Por el norte la ciudad terminaba en la calle 23. De ahí en adelante eran arrabales, en especial el sector conocido como San Diego. Las laderas de los cerros orientales eran chircales de donde se sacaba arcilla para tejas y ladrillos. Hacia el occidente, ya en la parte plana, se levantaba, desde 1627, el convento y la capilla de la Virgen del Campo, de la orden franciscana, que se convertiría en la iglesia de San Diego. Durante más de 200 años se le atribuyeron a la Virgen variados milagros como la curación de enfermos y el haber salvado las cosechas de trigo de los alrededores.

La mayoría de esos terrenos, si no todos, pertenecían a la Iglesia gracias a que eran herencias de fieles que tal vez esperaban con esos actos de generosidad final, si no ganarse el cielo, por lo menos evitar la estadía eterna en el infierno o una muy larga en el purgatorio. En resumen, apostaban a que sus herencias a la Iglesia fueran el salvoconducto para sus pecados, como lo fue en la Edad Media. La Iglesia arrendaba sus tierras a buen precio, pero sin que los inquilinos tuvieran posibilidad de comprarlos.

El primer cambio radical

Pero todo San Diego comenzó a cambiar en 1861, cuando Tomás Cipriano de Mosquera llegó a la Presidencia y en una nueva Constitución acabó con lo que se llamaba Bienes de manos muertas y se impuso la Desamortización, lo que significó que esas tierras heredadas por la Iglesia pasaban a manos del Estado y por ende podían ser alquiladas o compradas por ciudadanos. Pero semejante hecho legal y constitucional no era una simple idea de Mosquera. Ideológicamente, la desamortización fue promovida como una herramienta para transitar de un sistema de Antiguo Régimen a un Estado liberal mediante el cambio en las condiciones del sistema de propiedad. Era un propósito que había comenzado en la Revolución Francesa y que ya se había extendido en los nuevos países americanos, recién independizados de los imperios europeos.

Entonces continuó la transformación de San Diego. Las tierras que eran de cultivo, se volvieron predios urbanizables. Hacia 1870 el gobierno radical cedió a la ciudad de Bogotá el edificio y las zonas anexas del antiguo convento y en el mismo año fue convertido en asilo de indigentes, mendigos, manicomio de locos y enajenados de ambos sexos, que vivían en la miseria y el abandono. En 1874 el Estado también contrató la construcción de la primera cárcel nacional, el panóptico, diseñado por Thomas Reed, situado en Los Altos de San Diego, que años después sería la calle 28 y que en 1946 se convirtió en Museo Nacional.

Bavaria
Ilustración de la planta original de la fábrica Bavaria.

Leo Siegfried Kopp, diplomático alemán, compró el lote frente al panóptico y construyó la cervecería Bavaria que fue fundada en abril de 1889. Al mismo tiempo, en las faldas de los cerros orientales, además de chircales, en un predio amplio de una finca llamada Groenlandia, se levantaba un gran horno donde los chircaleros iban a cocinar tejas y ladrillos. Fue ahí donde se levantó el barrio La Perseverancia, y se establecieron los primeros obreros de Bavaria.

Entre tanto, algunos de los que habían sido inquilinos de esas tierras, se convirtieron en propietarios. Uno de ellos, que había dejado guerras atrás, levantó la primera casa de familia en lo que era el extremo norte de la ciudad: La Bodega de San Diego. Pronto se convirtió en el punto de partida de quienes iban al norte, o el de llegada de los que de allá venían. También lugar de encuentro de poetas y bohemios. Además, parados en la puerta de La Bodega, mirando al occidente, se veía la alameda que conducía al Cementerio viejo.

En La Bodega se encontraban los unos y los otros. Entre poetas y poemas, música y risas, seguro que se respiraba la atmósfera política de la época y al tiempo algunos personajes lograban amistades nuevas, entre quienes venían de sectores distantes de esa ciudad. Propició algo de movilidad social, quizás más ascendente que descendente.

Apenas pasado 1903, una tarde llegó a La Bodega el general liberal Benjamín Herrera en búsqueda de su propietario, José María, su compañero de armas y de música, de la penúltima guerra civil, para contarle que él y otros militares liberales estaban considerando embarcarse en la recuperación del recién perdido Panamá. Parece ser que la charla terminó en la interpretación del clarinete, el instrumento que los dos dominaban y compartían.

Otro hecho que hizo de La Bodega un sitio memorable sucedió el 10 febrero de 1906. El presidente de la época, Rafael Reyes, como era su costumbre, emprendió en su carruaje su paseo a Chapinero, acompañado de su hija Sofía, pero al pasar por La Bodega ni él ni su escolta se fijaron en tres jinetes de zamarros, ruanas y sombrero, que aún acaballados, bebían de una botella de brandy que se pasaban de uno a otro. Luego salieron tras el carruaje presidencial y al llegar a Barrocolorado, donde hoy se levanta la Universidad Javeriana, desenfundaron sus revólveres y dispararon contra el general y su hija en un atentado fallido. Don José María, dueño de La Bodega, se enteró de lo sucedido cuando ya los criminales habían sido capturados. Fueron condenados y luego fusilados en Barrocolorado, el lugar del atentado.

Los rumores que surgieron de inmediato sobre las causas del atentado, hablaron de la culpa de Reyes en la pérdida de Panamá o el cierre del Congreso que había ordenado poco antes. Muy posiblemente las habladurías tuvieron en la mira como probable culpable a don José María, no sólo propietario del sitio de encuentro de los criminales, sino liberal y exmilitar. Pero lo que se descubrió es que un joven general, Pedro León Acosta, conservador como el presidente Reyes, fue quien planeó el atentado y consiguió a quienes lo ejecutaran.

La Bodega
La Bodega.

En 1910 la expansión de la ciudad hacia el norte, transformaba más a San Diego. La zona verde, limítrofe con La Bodega, se había convertido en un precioso parque con palmas de cera y cauchos, quioscos y edificaciones simbólicas, para comenzar el siglo y conmemorar el primer centenario de la independencia.

Hoy, el nieto de don José María, se asoma a la ventana de su apartamento, contempla el panorama en lo que se convirtió San Diego. Entre numerosos edificios alcanza a sobresalir el campanario de espadaña de la iglesia de San Diego, algo de la Plaza de Toros, y lo que queda del parque de la Independencia, con las palmas de cera que sembró su abuelo después de la guerra de 1887, cuando construyó La Bodega. Este entorno de edificios, avenidas, puentes, que fue San Diego ahora se llama Centro Internacional.

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