Ir al contenido principal
photologuephotos2025-04imagen_portada_gozar_leyendojpeg
Cultura

Gozar Leyendo con Cambio: el inagotable encanto y poder de las especias

La historia de las especias es, en buena parte, la historia de la colonización asiática por parte de varias potencias europeas. Pero esta es una historia que va mucho más allá de ese solo hecho.

Por: Darío Jaramillo Agudelo

Tengo particular afición por las historias marginales o, mejor, transversales; historias que no cuentan lo que el foco de atención más central observa, sino que se refieren a cualquier dato menor (¿menor?) de lo que va sucediendo a lo largo del tiempo. La historia del arte, la historia de la poesía, la del vestuario –los ejemplos son infinitos–. Con ese mismo aire de condescendencia (la condescendencia es, siempre, una forma de la tontería, y una forma de desprecio con buenas maneras) me puse a leer esta historia de la pimienta y el clavo, de la nuez moscada y la canela, en fin, la historia de las especias, cuando me di cuenta, muy al principio, de que, sobre todo en la época de las grandes conquistas, el tema central era lo que sucedía con las especias. “Puede decirse, sin exagerar demasiado, que los imperios asiáticos de Portugal, Inglaterra y los Países Bajos surgieron de la búsqueda de la canela, el clavo, la pimienta, la nuez moscada y el macis”, afirma Turner.

Pero la historia de las especias comienza mucho antes y el interés en ellas iba más allá de la utilidad culinaria. Hoy sabemos –y mucho se tardó en despejar la duda– que las especias son nativas del extremo Oriente. Por ejemplo, “el clavo se ofrecía en cinco minúsculas islas volcánicas al este de lo que es hoy el archipiélago indonesio (…): Ternate, Tidore, Mori, Makian y Bacan”. Se cuenta que “en la época de la navegación a vela, los marineros aseguraban que podían oler las islas desde alta mar”.

Además de su utilidad más visible, en la cocina, las especias tenían un rol en los cultos religiosos, en la medicina (“alejar la enfermedad o proteger de la peste”) y también como afrodisiaco. “Pero al mismo tiempo que eran tan apreciadas, también provocaban desconfianza (…). Pues cuando los críticos –y eran muchos– explicaban qué tenían de objetables las especias, tendían a señalar las mismas razones por las que les gustaban a sus admiradores: los méritos del sabor, la exhibición, la salud y la mejora sexual se trasmutaban en los pecados mortales del orgullo, el lujo, la gula y la lujuria. Eran gustos que no tenían nada de inocentes y en eso radicaba gran parte de su atractivo”.

Regístrate para seguir leyendo

Ingresa tu correo para continuar disfrutando de nuestro contenido.

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión

Finalización del artículo

Lea los comentarios

Temas en este artículo

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir artículo en redes sociales