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Cultura

Tutina, la reina de la moda colombiana, no ha tenido sucesora

El príncipe Felipe de Edinburgo, María Clemencia Rodríguez de Santos, Juan Manuel Santos e Isabel II durante la visita de la familia presidencial colombiana al Reino Unido en 2016.

El papel que cumplió María Clemencia Rodríguez durante el gobierno de Juan Manuel Santos es inigualable. ¿Qué está pasando ahora con Verónica Alcocer? ¿Ya no la necesita el diseño colombiano?

Por: Maria Clara Salive

Es bien sabido que frente a las cámaras y en todas las apariciones públicas una primera dama es duramente criticada por su vestuario. Pero esto no es solo cuestión de elegancia. Lo que representa esta figura pública, desde María Antonieta o Josefina, con su manera de ataviarse es, ‘por consumo interpósita’, un repertorio de enunciados que la ponen a la vanguardia de críticas y comentarios. Por consumo interpósita me refiero a que, tras la Revolución Industrial, se simplificó el traje masculino y la encargada de enunciar en qué invierte la plata su marido o qué estatus tiene son las esposas o las hijas. En este orden de ideas ha habido primeras damas más afines con el mundo de la moda y otras que han pasado a la historia por desentonar.

Pero más allá de que las cámaras estén detrás del estilo de las figuras públicas y de que, por ejemplo, María Juliana Ruiz Sandoval se hubiera convertido en tendencia por el desatino que utilizó en la reunión con Donald Trump y su impecable esposa Melania con un traje de Leal y Daccarett, cuyo look terminó sirviendo de disfraz en el Carnaval de Barranquilla, su antecesora María Clemencia de Santos, conocida como Tutina, tuvo un papel crucial en el mundo de la moda en Colombia.

Ella no solo se limitó a vestirse bien sino también a apoyar a los diseñadores colombianos con ropa con denominación de origen que catapultó a diseñadoras como Johana Ortiz, Silvia Tcherassi, Peppa y Leal y Daccarett, entre otros, constituyéndose en una embajadora de nuestro diseño. Retomando la historia, en la Cumbre de las Américas, celebrada en Cartagena en 2012 apareció vestida con mantas guajiras, mochilas wayús, y collares precolombinos, dando cuenta de ese giro hacia la propio que tuvo el diseño colombiano hacia el año 2000.

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