
Raúl Gómez Jattin: un poeta con dolores y ausencias
Ahora, cuando acaban de conmemorarse los 80 años del nacimiento del poeta Raúl Gómez Jattin, su amiga, Zheger Hay, escribe su semblanza para CAMBIO.
Por: Zheger Hay Harb
Conocí a Raúl en mi primer día de clases en el Externado. De inmediato nos hicimos amigos y él adoptó un rol como de hermano grande, aunque era apenas un poco mayor que yo; creo que su corpachón le ayudaba en esa idea. Ambos éramos costeños, turcos, lectores de literatura y buenos estudiantes y armamos un pequeño grupo de estudio con Hernán Turbay, Inés Valderrama y María Mercedes Araújo de Cuéllar, ya casada y con hijos, quien mandaba a su chofer a recogernos para reunirnos en su casa. Allí organizó un coctel para celebrar la primera lectura de poemas de Juan Gustavo Cobo en el Colombo Americano. Años después conocí una biografía de ella: La oligarca rebelde, pero en ese entonces apenas éramos contestatarias.
Yo me fui a la guerrilla, me perdí de mis amigos y en los años 80, viviendo en México, el poeta David Huerta me llevó como regalo de un viaje suyo a Colombia un libro editado por el Banco de la República que abría sus páginas con un poema de Raúl.
Fue para mí un estremecimiento porque me devolvió a todos aquellos cuyo recuerdo había querido borrar cada vez que me asaltaba para evitar el dolor que me producía su ausencia. A partir de ahí, ese mundo se hizo de nuevo presente: los amigos, la universidad, la vida segura. Yo había dejado a Raúl siendo parte del grupo de teatro de la Universidad, pero todavía no era director y creo que tampoco poeta, porque de serlo yo necesariamente lo hubiera sabido.
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