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Cultura

Elegía en memoria de Betty, mi madre

Manrike y Xuehka

En 'La crítica. un diálogo sobre la vida actual', un homenaje en memoria de Betty, madre del autor, que falleció el 17 de mayo. Una reflexión sobre la vida y la muerte.

Por: Manrike y Xuehka

La vida es una fuerza. Mueve las alas de una polilla y el corazón de un ser humano. La vida es movimiento. Los pájaros hacen ruidos. Alguien abre los ojos. Respira. Se levanta. Camina. Baja las escaleras. Prende una luz, otra luz, y otra luz. Cierra una puerta. La vida son esos ruidos cotidianos. Abre otra puerta. Una gata negra asoma la cabeza y maúlla. Abre una segunda puerta. La mañana es soleada. Las hojas de un árbol se mueven. La vida es una forma de la alegría. Se escucha música en un apartamento y alguien canta. Alguien mira por la ventana. Un estudiante camina con prisa a la primera clase del día. Alguien baja las escaleras con una sonrisa. El agua para el café hierve en el fogón. Alguien prende la radio. Dos periodistas dialogan. Alguien abre el WhatsApp para ver los mensajes. La aplicación de Google Maps indica que la ruta comienza el recorrido. Huele a tinto. “Buenos días”. “Buenos días”. “Buenos días”. “¿Dormiste bien?”. “Delicioso”. “Me desperté en la madrugada y tuve pesadillas”. “Dormí bien”. La vida es una forma de la alegría. El café está caliente, es fuerte y sabroso. Se prende otro fogón de la estufa. Una cacerola. Un poco de aceite. Alguien quiebra dos huevos. Los bate. Un medicamento. Otro medicamento. Un vaso de agua reposa sobre la mesa. Alguien bosteza. Alguien abre un libro sobre la mesa de centro y lee en silencio: “¿Qué hacer para que la despedida de este mundo se viva como algo natural?”. Alguien abre un cajón de la mesa del comedor. Un individual tejido de fibra de palma teñido de verde. Dos, tres, cuatro individuales, cuatro servilletas blancas, cuatro tenedores y cuatro cuchillos sobre la mesa. Huele a pan tostado. Huele a chocolate. Sobre la mesa hay una barra de mantequilla, un frasco de miel de ulmo y otro de mermelada de agraz. Alguien come en silencio unos huevos revueltos. Otra taza de café. La cafeína hace su efecto. “¿Por dónde viene la ruta?”. Una perra vieja baja contenta. Mueve la cola. “Que tengas buen día”. “Diviértete”. Otra taza de café. Una periodista hace un chiste flojo.

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Alguien lee: “Existen varias posibilidades de afrontar el hecho de que toda la vida, y por tanto también la de las personas que nos son queridas y la propia vida, tiene un fin”. Una sombra silenciosa se pasea. La muerte es otra fuerza. Otro poder. Nada se oye. Una nube oculta la luz. Unos hombres cortan el viejo saúco. La polilla deja de batir las alas y el movimiento del corazón se detiene. Ya nadie respira. Ya no se levanta. Ya no camina. Ya no baja las escaleras. Ni prende la luz. Ni cierra la puerta. La mañana es gris. Ya no se oye la música en el apartamento. Ni nadie canta. Ni mira por la ventana. Nadie baja las escaleras ni sonríe. Nadie pone a hervir agua para el café. Ni prende la radio. Ni prende el fogón de la estufa. Ni quiebra dos huevos. Nadie bosteza. Ni abre el libro sobre la mesa de centro ni lee en silencio. Nadie abre el cajón de la mesa. Todo se detiene.

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