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Cultura

La pésima idea de pedirle a ChatGPT ser su psicólogo

Para esta investigación, CAMBIO habló con más de 20 personas que usan o han usado la inteligencia artificial con fines terapéuticos. Los expertos que consultamos corroboraron que la tendencia de ‘terapearse’ con ChatGPT es una realidad peligrosa.

Por: Juan Francisco García

Después de pasar varios meses buscando en sus diarios y revisando sus notas de voz para entender los motivos del suicidio de su hija, la escritora Laura Reiley y su esposo hurgaron sus interacciones con ChatGPT. La pesquisa reveló que durante varios meses antes de quitarse la vida, su hija Sophie sostuvo un ‘diálogo terapéutico’ con Harry, la herramienta del modelo de inteligencia artificial que se ha hecho vastamente popular para atender cuestiones de salud mental.

“Tengo pensamientos suicidas de forma intermitente. Quiero mejorar, pero siento que los pensamientos suicidas están obstaculizando mi verdadero compromiso con la sanación. ¿Qué debería hacer?”. “Hoy me siento como la mierda”. “No puedo salir de esta espiral de ansiedad”. Estas son algunas de las interacciones que la escritora y periodista sacó a la luz pública en un inquietante ensayo para el diario The New York Times.

Si bien las respuestas del chatbot de ChatGPT que aparecen en el escrito pueden ser leídas como mesuradas y con un espíritu de contención, es imperativo preguntarse sobre la naturaleza de estas herramientas cuyos límites son el pensamiento mismo, la empatía y la conceptualización. ¿Es buena idea usar a los modelos de inteligencia artificial como terapeutas? CAMBIO conversó con usuarios y expertos para dar luces sobre la cuestión.

La creciente tendencia a terapearse con ChatGPT

Federico, que se describe como alguien que compensa su muy baja autoestima dándole toda la atención que le es posible a las personas que más quiere, ha confiado en ChatGPT a la hora de tener conversaciones difíciles con amigos íntimos y exparejas cuyos comportamientos no corresponden con el amor que él les profesa. Aunque actualmente tiene un acompañamiento psiquiátrico, usó la inteligencia artificial “para no desperdiciar tiempo de las costosísimas sesiones con mi psiquiatra”.

Una carta “muy elocuente” que le envió a uno de sus mejores amigos para expresarle su sensación de no reciprocidad y un plan de ruta para dejar de fantasear románticamente con su expareja fueron los insights que dice que le dio, gratis y rápido, Chat GPT.

Al borde de un ataque de pánico, Fernanda acudió al chatbot “porque aunque sé que no reemplaza a un terapeuta, es mucho mejor que dejarse llevar por la desesperación". Juan Bernardo personalizó la herramienta con las características de la “versión en la que me quiero convertir en el futuro”. Diariamente, además de contarle su cotidianidad, le pide que determine la coherencia de sus decisiones e ideas con respecto a los valores que previamente le enseñó. Para trabajar sobre la relación con su papá, la herramienta le ha dejado tareas como escribir una carta sobre su infancia desde el punto de vista del niño que algún día fue. “Más que hablar con la IA, siento que hablo con mi propia espiritualidad, es como una refracción”, dice.

“Más que hablar con la IA, siento que hablo con mi propia espiritualidad, es como una refracción”, dice.

Fernando consultó a ChatGPT para tramitar el apremiante duelo por la muerte de su perro, que lo acompañó por más de una década. “Me sirvió porque me dio pie para usar herramientas que ya conocía, pero que no sabía cómo aplicar. Es aterrador, pero al analizar las interacciones es innegable que la IA termina por conocerlo a uno”. Camila interactuó con el robot para "entender cosas sobre su última ruptura amorosa. A veces me sorprende las relaciones que el robot genera a partir de la información que le he dado en el pasado”. “Eres un psicoterapeuta transpersonal de corte jungiano con conocimiento de descodificación” son algunas de las características del prompt que Luciana –psicóloga de profesión– le dio al chatbot antes de hacerle consultas íntimas. “Me ha gustado mucho en cuanto me ha dado mucha claridad; aunque no sustituye la riquísima perspectiva y experiencia vital de mi terapeuta”.

Según el portal especializado Exploding Topics, con 5.200 millones de visitas, ChatGPT está siendo la quinta página web más consultada en todo el mundo en agosto. Como lo prueba la encuesta de Common Sense Media en Estados Unidos, el 72 por ciento de los adolescentes usan chatbots como compañeros digitales, y de estos, el 22 por ciento les da la connotación de amigos. Es un hecho que una porción de los 2.500 millones de mensajes que recibe la inteligencia artificial cada día buscan consejos personales. Para esta investigación, CAMBIO habló con más de 20 personas que usan o han usado la inteligencia artificial con fines terapéuticos. Los expertos que consultamos corroboraron que la tendencia de ‘terapearse’ con ChatGPT es una realidad.

La trampa de los consejos de ChatGPT y la potencia del encuentro y la conversación

"Los psicoterapeutas, por lo menos los que estamos regidos bajo unos parámetros éticos y científicos mínimos, no damos consejos. Lo que hacemos es construir junto al consultante un conjunto de herramientas para que ellos mismos puedan agenciar sus dificultades cotidianas”, nos dijo Jorge Rodríguez, psicólogo clínico de la Universidad Nacional y asesor científico de la Sociedad para el Avance de la Psicoterapia basada en el Sentido. Aunque el experto reconoce que los consejos genéricos y prácticos que da la herramienta –ser consciente de la respiración, tomar agua, escribir los pensamientos, salir a la naturaleza– pueden tener efectos positivos, advierte que esto es abismalmente distinto a un abordaje terapéutico profundo y serio que va más allá de los síntomas, las recetas, y de la urgencia inmediata de aliviar el malestar.

"Los psicoterapeutas, por lo menos los que estamos regidos bajo unos parámetros éticos y científicos mínimos, no damos consejos"

Según el psicólogo clínico, una de las grandes potencias del ejercicio terapéutico –y acá advierte que habla en términos coloquiales– está “en la alineación cerebral que se da entre el consultante y el terapeuta a partir del diálogo entre individuos”. En la sesión psicológica, a partir de la escucha atenta, las vibraciones internas y cerebrales de los implicados literalmente se sintonizan y permiten un beneficio terapéutico que simplemente no está al alcance de las máquinas y sus matrices. “Incluso si el contenido o la interpretación que ofrece el terapeuta al paciente tiene errores conscientes o inconscientes, la práctica misma de la escucha y la empatía es potencialmente mucho más beneficiosa que la conversación artificial y esquemática con el robot”. Para Rodríguez, el flujo comunicacional, la conversación, la voz que se escucha y que se expresa, son elementos constitutivos de un proceso terapéutico. La naturaleza escrita, fragmentada y solitaria que define la interacción con las máquinas va exactamente en el sentido contrario.

la práctica misma de la escucha y la empatía es potencialmente mucho más beneficiosa que la conversación artificial y esquemática con el robot

En consonancia con Rodríguez, la anestesióloga y magíster en Neurociencias del University College de Londres y creadora del centro de investigación Inner Science Ana Holguín, se refirió al concepto de sincronía interpersonal: la alineación espontánea de patrones fisiológicos y conductuales entre personas durante una interacción. En contextos terapéuticos, dijo, “la sincronía de la actividad cardíaca, la respiración y las respuestas electrotérmicas entre paciente y terapeuta se ha vinculado con mayor empatía, mayor alianza terapéutica y mejores desenlaces clínicos”. Holguín afirmó que hay muchos estudios que demuestran que más que la intervención en sí, el beneficio terapéutico se nutre de la relación entre el paciente y su terapeuta. Dos corazones, dos cerebros, dos mundos en común.

La falacia de control y la profundización del malestar

Jaime Toro –psicólogo clínico con enfoque logoterapéutico– señala que usar un chatbot como psicólogo es una estrategia predilecta para alimentar lo que se conoce como la falacia de control. En este sesgo o distorsión cognitiva las personas dan por hecho que tener al alcance cierta información –aparentemente ilimitada en la interacción con los modelos de IA–, les da pleno control sobre su vida y su mundo interno; cuando en realidad lo que se pone en marcha es una profunda negación de la propia realidad, que lejos de vislumbrarse con el masturbatorio y endogámico chateo con ChatGPT, requiere de la confrontación, la distancia y la perspectiva de un otro de carne y hueso y con sistema nervioso central.

Toro advierte que esto es alarmantemente común en las personas con cuadros ansiosos –como la joven del ensayo del New York Times– o con tendencias obsesivas y evitativas. El beneficio terapéutico, dice, necesita de la confrontación y la dialéctica en la que el terapeuta es quién hace las preguntas y fecunda las estrategias, y no al revés.

Y en acuerdo con el psicólogo Jorge Rodríguez, percibe los riesgos del pseudovínculo que se da con las máquinas, capaces solo de recomendaciones genéricas y ajenas al corazón singular, complejo y circunstancial del ser humano. “Escribir, por ejemplo, es una estrategia que así como le puede servir a un paciente, a otro le puede incrementar el malestar”. Sin la intuición y la interpretación –basada en la experiencia y el estudio– de los terapeutas para proponer caminos a partir del contexto presente y pasado del consultante, sin el vértigo de la hermenéutica y el diálogo difícil y análogo, no hay terapia, sino urgencia e inmediatez. Más incertidumbre. Más aislamiento. Más soledad. “Y la posibilidad latente de trastornos psicológicos que le siguen a la frustración cuando la receta del chatbot, inevitablemente, no transforma la angustia, las ideas de muerte, la ansiedad brutal”.

El reconocido psiquiatra Rodrigo Córdoba, expresidente de la Asociación Psiquiátrica de América Latina y profesor de la Universidad del Rosario, nos dijo que además de usar la inteligencia artificial para investigar sobre diagnósticos y medicamentos, contrastar las recomendaciones clínicas e indagar sobre los síntomas, son varios los que le confieren una capacidad adivinatoria. “Como si pudieran predecir el futuro de lo que les va a ocurrir o cómo se van a sentir”. Y también dejó en claro que la fortaleza de las relaciones interpersonales, “la posibilidad de ser mirado, escuchado, entendido” no está en el ámbito de una máquina que se limita a contestar información a partir de una base de datos en los que no caben las sombras de la condición humana.

La esperanzadora Inteligencia Artificial colombiana

Recientemente Échele Cabeza sacó al aire DroguIA, el chatbot programado para dar estrategias concretas de prevención y autocuidado a consumidores de sustancias legales y prohibidas. El modelo es el resultado de más de 15 años de trabajo comunitario con el que Échele Cabeza ha asesorado directamente a más de 37.000 personas y a 600.000 a través de sus plataformas digitales.

Uno de sus desarrolladores le dijo a CAMBIO que para prestar el servicio de forma responsable, por ejemplo en casos en los que algún usuario expresa ideaciones suicidas a causa del uso de alguna sustancia, el modelo fue programado para no resolver la situación por sí misma y redirigir al usuario a psicólogos especializados de la organización o a las líneas locales de atención en salud mental. El imperativo es dejar claro desde el comienzo que el chatbot no sustituye un acompañamiento profesional.

Además, la herramienta no da información sobre contenido que se salga del ámbito de la reducción de riesgos, el autocuidado y el consumo responsable y la información o estrategias que arroja tienen como fuente un acervo de estudios científicos rigurosamente curados por un equipo multidisciplinar.

Sobre el uso comercial de los datos y la complacencia de los modelos como ChatGPT programados para exacerbar las interacciones, el desarrollador nos dijo que "si bien partimos de algunas bases tecnológicas existentes, DroguIA fue modificada en profundidad para dotarla de una ética propia, con un marco de acción solidario y la primera premisa de proteger la vida humana, en sintonía con principios inspirados en las leyes de la robótica de Isaac Asimov”

Para enfrentar los riesgos inherentes a cualquier conversación, el equipo de desarollo usa tablas diagnósticas supervisadas por especialistas humanos para reforzar el aprendizaje del modelo con el fin de “no solo corregir errores sino mantener una supervisión ética y técnica”.

El debate sobre la angustia humana y la inteligencia artificial como refugio –vidente, confesor, terapeuta– es muy complejo y recién comienza. Pero ya es evidente lo más intuitivo y esencial: es muy mala idea confiarle a un chatbot las sombras y las espinas de la cabeza y el corazón.

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