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Mariajosé Quiceno
Mariajosé Quiceno.
Cultura

“El liderazgo no es un cargo, es una actitud”: Mariajosé Quiceno

‘La voz del líder’, de Mariajosé Quiceno, es un libro que plantea una mirada alternativa al verdadero significado de la palabra liderazgo. También es un manual que ofrece ejercicios para que cualquier persona adquiera herramientas para ejercer el liderazgo de manera más auténtica y creíble.

Por: Eduardo Arias

Liderazgo es una palabra que desde hace ya varios años ha estado en el centro de infinidad de conversaciones. Sin embargo, es un término que la mayoría de la gente entiende de manera errada o al menos incompleta. Eso plantea Mariajosé Quiceno en La voz del líder, un libro que, además de analizar cuál es el verdadero sentido del liderazgo y qué hace que una persona sea un buen líder, también ofrece ejercicios que ayudan a los lectores a adquirir nuevas herramientas para ejercer el liderazgo de una manera auténtica y que genere confianza y credibilidad. Es un libro basado en hallazgos de la neurociencia y estrategias de comunicación.

Mariajosé Quiceno se graduó de comunicación social y, desde hace más de 20 años se ha dedicado a estudiar a fondo los liderazgos. A través de lecturas de autores de diversas disciplinas y su experiencia personal ha desarrollado métodos para promover líderes que sean auténticos, creíbles y que generen confianza. Actualmente ella es la vicepresidenta de Reputación y Comunicaciones de Bancolombia. CAMBIO habló con ella acerca de su libro.

CAMBIO: ¿Cómo llegó usted a la idea de escribir este libro?

Mariajosé Quiceno: Este libro nació de una mezcla de curiosidad, frustración y esperanza. Durante más de 20 años he acompañado a líderes y organizaciones en momentos de transformación, de crisis y de sueños grandes. En ese camino vi algo que se repetía: la voz de los líderes estaba muchas veces ausente, secuestrada por el miedo, el ego o por paradigmas que nos dicen cómo deberíamos ser para ser aceptados.

CAMBIO: ¿En algún momento a usted le sucedió eso?

M.Q.: Sí. Yo misma viví eso. Hubo etapas en las que sentí que mi voz no era suficiente o que debía disfrazarla para encajar. La voz del líder es mi respuesta a esa experiencia: una invitación a recuperar nuestra voz auténtica y usarla para liderar con propósito. Escribir el libro fue un acto de rebeldía, pero también de servicio: quería darles a otros las herramientas que a mí me habría gustado tener antes.

Portada libro Voz del líder

CAMBIO: Usted plantea argumentos que de manera frecuente no coinciden con los paradigmas del “líder perfecto”. ¿Cómo ha llegado a esos hallazgos?

M.Q.: Crecimos con la idea del líder perfecto: el que siempre tiene respuestas, nunca se equivoca y habla con seguridad absoluta. Pero eso es una ilusión que genera más daño que inspiración. Mis hallazgos vienen de escuchar –con atención profunda– a cientos de líderes y equipos. Descubrí que la confianza no nace de la perfección, sino de la verdad. La gente sigue a quien se atreve a decir: “No lo sé, pero vamos a descubrirlo juntos”. La voz, en este contexto, es el puente entre lo que pensamos, sentimos y hacemos. No es solo hablar: es expresar de forma congruente quién eres y lo que defiendes. Cuando esa voz está ausente, la confianza se fractura.

CAMBIO: Ese líder ideal que usted propone, ¿qué tan real es y qué tan actor o personaje es?

M.Q.: El líder ideal que propongo no es un superhéroe, sino un ser humano consciente de sus luces y sombras, que es auténtico y solo se interpreta a sí mismo. Todos, en algún momento, interpretamos un personaje: la líder fuerte, el jefe visionario, la ejecutiva 10. Eso no está mal si lo reconocemos como rol temporal. El problema es cuando nos perdemos en ese papel y olvidamos quiénes somos. Mi método busca justamente que la persona y el personaje se integren para que el liderazgo sea auténtico y sostenible.

CAMBIO: A propósito de lo anterior, ¿cómo encontró usted herramientas y elementos de la práctica teatral para elaborar su método?

M.Q.: El teatro fue mi gran revelación. Mientras estudiaba comunicación y luego me adentraba en la estrategia corporativa, tomé talleres de teatro por curiosidad… luego mis hijos han estudiado teatro por años. Ahí entendí algo poderoso: el escenario de la vida y el escenario del teatro no son tan distintos. Los actores trabajan la voz, la respiración, la presencia y la escucha activa. Son herramientas que un líder necesita, pero que rara vez se enseñan en las escuelas de negocios. Por eso incorporé estas prácticas a mi método Voice: para que los líderes aprendan a “habitar su cuerpo”, no solo su cargo.

CAMBIO: Muchas personas piensan que el liderazgo es para personas elegidas. Usted, me parece, da a entender que el liderazgo no es tanto mandar sino una actitud que puede ejercer cualquier persona desde su posición. Me corrige si me equivoco.

M.Q.: Totalmente de acuerdo. El liderazgo no es un cargo, es una actitud. Cuando pensamos que solo unos pocos han sido “elegidos”, creamos distancia y dependencia. Yo creo en el liderazgo distribuido: el que se ejerce desde la familia, el barrio, la empresa. No se trata de mandar, sino de influir con propósito. A veces, el acto más revolucionario de liderazgo es levantar la voz para defender algo que otros callan.

CAMBIO: En su opinión, ¿la gente en general tiene una idea correcta o equivocada de lo que significa liderar?

M.Q.: Creo que la mayoría tiene una idea incompleta. Muchos asocian liderar con poder y jerarquía, cuando en realidad es un servicio. Liderar es acompañar procesos, sostener conversaciones difíciles y construir confianza en medio de la incertidumbre. Por eso insisto tanto en la voz: un liderazgo sin voz es solo administración. Y una voz sin coherencia se convierte en ruido.

CAMBIO: ¿Cuál es, en su opinión, el mensaje que atraviesa su libro?

M.Q.: Todos tenemos una voz única, pero vivimos rodeados de “ladrones de voz”: miedos, prejuicios, sistemas que nos hacen sentir pequeños. Recuperar esa voz no es solo un acto personal, es una responsabilidad colectiva. Mi sueño es que cada persona que lea este libro se pregunte: “¿Qué haría hoy si me atreviera a usar mi voz con toda su potencia?”.

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