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Censura de libros en Colombia
Cultura

Letras prohibidas: la vieja tentación de censurar libros en Colombia

Novelistas malos y buenos y un libro expurgado que encontramos en la Biblioteca Nacional. Créditos: Pablo David-CAMIO y Open Library.

Curas, dictadores, ‘narcos’, procuradores, militares —y hoy también alcaldes— han mordido del pastel de la censura de libros en Colombia. Este es un repaso, de Antonio Nariño a Federico Gutiérrez, de una vieja tentación que nunca se fue.

Por: Juan Francisco García

“Este evento se cancela. En Medellín nunca tendrá espacio la apología al terrorismo. Acabo de ordenar la cancelación de este evento en la Biblioteca Pública Piloto. El M-19 no fue un 'relato romántico': fue un grupo armado terrorista que dejó víctimas, dolor y muerte en Colombia. Recordemos el holocausto del Palacio de Justicia”, escribió en su cuenta de X el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, once minutos antes de que empezara la presentación del libro El M-19. De la guerra a la política en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín. A pesar de que el libro es una investigación que empezó como la tesis de maestría del investigador Jaime Rafael Nieto, y que según el autor “cuestiona al establecimiento y al mismo M-19”, tanto él, como los otros dos panelistas que iban a participar del lanzamiento, se enteraron cinco minutos antes de la censura del evento por parte de la máxima autoridad de la ciudad. 

Lo anterior pasó el 21 de abril de 2026, doscientos años después de ese domingo decembrino de 1793 en el que Antonio Nariño salió de su imprenta, en la plazuela de San Carlos de Santafé de Bogotá, con 100 copias debajo del brazo. Las impresiones contenían la traducción que hizo el propio Nariño de Los Derechos del Hombre, que extrajo y tradujo, con su puño y letra, del tomo tercero de la Historia de la revolución de 1789 y el establecimiento de una Constitución en Francia, escrita por François Marie de Kerversau y G. Clavelin. El libro se lo había prestado Cayetano Ramírez, capitán de caballería y sobrino del virrey, don José de Ezpeleta.  

Se sabe que después de la misa dominical, Nariño vendió dos ejemplares, uno de ellos al médico francés Luis de Rieux y otro a un tal José María Cabal, amigo de un amigo suyo. Pero rápidamente, por consejo de otro amigo, Ignacio Sánchez Tejada, el santafereño suspendió la venta de las copias, según declaró en su defensa ante la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá: “porque un amigo me advirtió que, atendidas las delicadas circunstancias del tiempo, este papel podía ser perjudicial”. 

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