Ir al contenido principal
Nidia Góngora en Estados Unidos
Nidia Góngora en uno de sus encuentros en colegios de Pensilvania.
Cultura

Marimbas y currulaos viajan lejos: suenan en colegios de Estados Unidos

Nidia Góngora, la gran cantante del Pacífico colombiano, se encuentra de gira por Estados Unidos, un viaje que comenzó a finales de marzo y que la llevará por varias ciudades de costa a costa. Gonzalo Castellanos, escritor, catedrático y productor audiovisual, sigue los pasos de la artista.

El 9 de abril próximo serán 87 años desde que Marian Anderson cantó My country, tis of thee, aquel domingo de Pascua en las escalinatas del Lincoln Memorial en Washington ante cerca de 80.000 personas, en un concierto que se transmitió a decenas de millones en la televisión del país y fue como pasar un camello por el ojo de una aguja para corear a voz en cuello que algo andaba muy enfermo en el universo del racismo infame. “Mi país es tuyo, deja que suene la libertad, deja que suene”, cantó, entonces.

La vocalista afrodescendiente que para ese momento era de las grandes estrellas del canto lírico, venía de ser vetada días antes por las Hijas de la Revolución Americana para presentarse en un escenario, cosa que sentenció aquella organización precisamente por eso, porque Anderson era negra, negra en un tiempo en el que todavía había sillas diferenciadas en lugares públicos como símbolo de segregación, un tiempo en el que aún se cerraban las puertas universitarias, un tiempo de humillaciones raciales ominosas.

Anderson nació y empezó su travesía en Filadelfia. Es justamente en esta ciudad en donde Nidia Góngora, la cantadora del Pacífico colombiano que trae alabaos, currulaos, guasá, bundes, viche, cantos de memorias vivas y memorias perseguidas, empieza la gira más simbólica y paradójica de la que haya presencia reciente.

Nidia Góngora y el tambor
Nidia Góngora.

Nidia Góngora se mueve en un tiempo distinto al de Anderson, si bien no totalmente superado en cuanto a segregaciones absurdas se refiere. Pronto la habremos visto atónitos, entregándose a vívidos talleres de música y relatos del Pacífico con cerca de 2.000 niños, adolescentes y profesores en varios colegios del corazón de Pensilvania; y sus conciertos que han empezado en Filadelfia con un lleno embelesado en cantos que estremecen el Esperanza Center, viajarán en la voz suya y en la música de su agrupación durante seis semanas de un lado a otro de las costas americanas, entre Chicago, Washington, Nueva Orleans, Las Vegas, Austin, Pittsburgh, Fenix, y Nueva York.

Así es, Nidia Góngora y miembros del grupo han desembarcado casi hacia el mediodía del 21 de marzo, tras viajar unas 12 horas entre atrasos de vuelos desde Cali, cancelaciones también, y el lío que ha desencajado el aparataje aeronáutico en Estados Unidos por asuntos de fondos, lo que no es otra cosa que asuntos políticos de fondo.

Estamos instalados para este momento en un barrio curioso, curioso por ponerlo suave, pero a pesar del trajín ninguno se declara cansado, todos tienen la risa suficiente para acomodar en la casa sus instrumentos, platillos de batería, cununos, bombo, marimba de chonta, teclado, saxo, clarinete, entre muchos cables, inclusive con la presencia de una maleta llena de viche que mucha gente ha pedido por estos lados para subir el ritmo.

Ella, Nidia, no expresa ningún reparo. Le pregunto cándido si está cansada, y contesta “¿qué?, más bien vamos saliendo para la prueba de sonido que no tenemos mucho tiempo y para empezar este toque”. Hace frío de justicia y partimos hacia el lugar sin tanto entre el estómago, aunque exactamente con mucho en el estómago porque se siente una emoción que va en ascenso.

Cómo se va a quejar de algo, entiende uno, si le sobra fuerza. Como Anderson que cantó, exorcizando desde esa voz lírica que hipnotizaba, mucho del peso de opresiones y de este país con la bacteria del racismo metida entonces hasta la médula, como Anderson que se hizo activista en el corazón de la discusión de los derechos civiles en aquellos sesentas convulsionados, Nidia Góngora enseña que lo que hace y trae no es canto por cantar, que no es cantante sino cantora o cantadora porque en la entraña de lo que busca anida un relato, una manera de narrar una memoria, un medio que porta sabia de cultura, una voz que encarna una forma de preservar.

Cualquiera que la observe percibe en ella Pacífico viviente, naturaleza que envuelve a una sociedad que en todo ese litoral existe por la cultura y sobrevive en razón de esta, sin eufemismos, sin frases de cajón como las que suelen decirse por burócratas y “etnogomelos” en cuanto a “los territorios, “las memorias” o las “ancestralidades”, entre una nomenclatura que es cierta por cuanto significa, pero que ha entrado en exceso de uso vacío, sin alma, para cumplir solo con el postulado de introducciones correctas.

De niña en Timbiquí oía boleros y música cubana con su padre, un buen guitarrista, y se introdujo a través de ello y de su madre, también cantadora, en este mundo que es canto, que es composición, transformación de viche, que es un activismo cultural y una convicción social en la que se descubre mucha fuerza. Nina Simone, la Gran sacerdotisa del soul, apareció en su vida en todo sentido y la imbuyó de convicción.

La voz de Nidia Góngora es un arrullo, un alabao, es currulao, es hipnótica y en cualquier momento se dispara entre melismas hasta una cumbre inatajable. La música ha impregnado su entorno, aquellas vertientes que llegaron de África y se fueron cocinando en toda América, en su litoral, entre sangres y vidas nuevas. Esta cantadora en Filadelfia también es compositora, es líder, es transformadora de viche, es solidaria y directa, se ha movido sin miedo. No se deslumbra y es visible en ella una serenidad con la que uno va sintiéndose sereno.

Positivo Records es el sello que acaba de crear, precisamente para mover más música del Pacífico y música que tenga cuerpo. Con Bombo Records sacó adelante un disco que está moviéndose fuerte en muchas latitudes.: Pacífico Maravilla. Ahorita va por el India Catalina por la banda sonora de La María, ya ganó junto con otros artistas un Grammy por el trabajo Los Nuevos Canticuentos y fue candidata a ese galardón por folclor con Canalón de Timbiquí.

Se ha andado el mundo con la misma serenidad con la que habla. Con la que da el concierto en el Esperanza Center en donde pone el teatro de cabeza con Pacífico maravilla, En los manglares, Molino mi molinete, Tío guachupecito y La Memoria de Justino.

Nidia Góngora
Nidia Góngora canta para los niños de Pennsilvania.

Una asistente al teatro me ha preguntado si ya fuimos a ver la estatua de Rocky. En realidad, en Filadelfia no te dan deseos de ir a ver la estatua de Rocky, sino de rozarte entre toda la música en vivo que circula, por lo que la invitación misma parece un golpe bajo de boxeo antes de empezar el concierto que será un deleite.

Los días siguientes han sido en  Williamsburg (Pensilvania) y sus alrededores, con ese par de miles de niños y jóvenes (no hay ninguna exageración en el número, así ha sido) impregnados de la música del Pacífico, unos nueve colegios con todos sus planteles haciendo bases rítmicas, pasando adelante al escenario a ponerse en las manos la marimba y el guasá. Van a bailar, van a llevar las palmas, a hacer ruedas, se van a deslumbrar con Nidia Góngora y su grupo.

Es tiempo de ICE, sí, pero siempre es tiempo de irse en los ritmos del mundo, una muestra de que los trenes subterráneos simbólicos existen y son imposibles de controlar. Este país es de sincretismos y no va a renunciar nunca a ellos pese a la fuerza de un momento agreste. En realidad, esta gira exótica y valiente ya es fascinante y apenas empieza.

Finalización del artículo

Lea los comentarios

Temas en este artículo

Artículo de libre acceso

Libre

Compartir artículo en redes sociales