
Rafael Pardo, una historia de vida que merecía ser contada
Después de sufrir un accidente neurovascular que le impide hablar con propiedad, Rafael Pardo se ha apoyado en la Inteligencia Artificial para realizar la serie de pódcast ‘La voz de Pardo’. En un libro que recoge ese material, Rafael Pardo cuenta su vida. Una voz que tiene mucho que decir.
Por: Eduardo Arias
Rafael Pardo Rueda ha sido uno de los protagonistas menos estridentes de la historia reciente de Colombia. Su estilo de decir y hacer las cosas, así como de escribirlas, reflejan un espíritu reservado pero muy atento, hijo de la reflexión. Pardo, además, ha estado dos veces al borde de la muerte por complicaciones de salud. En 1993 sufrió una ruptura de la aorta ascendente. Desde entonces ha enfrentado una condición crónica de la aorta que le ha provocado por más de 30 años accidentes cardiovasculares graves como rupturas de la aorta, aneurismas, cirugías y un infarto y un accidente cerebrovascular que afectó su capacidad de hablar.
A pesar de ello, ha logrado reaparecer en la vida pública mediante el uso innovador de la Inteligencia Artificial (IA) para recuperar su voz. Mediante el uso de algoritmos de la IA reconstruyó su tono, ritmo y forma de expresarse. Detrás de ello ha estado el ingeniero Azul Manzano, quien alimentó un programa con cientos de horas de grabaciones de sus antiguas participaciones en programas de radio y televisión, así como archivos personales y videos familiares, que le permite comparte sus opiniones, reflexiones y memorias. De esa manera, él escribe y la tecnología convierte esos textos en mensajes de voz, su voz. En el prólogo del libro, escrito por Daniel Samper Ospina, se explica en detalle cómo Pardo tuvo acceso a esas herramientas tecnológicas.
Una vida para contar
En este libro Pardo recrea, sin atenerse a la cronología, sus primeros años de vida en familia y en el colegio, su trayectoria como político, profesor universitario, periodista, parlamentario y funcionario público en entidades como el Plan Nacional de Rehabilitación, la Consejería de paz, los ministerios de Defensa y Trabajo, así como su paso por la alcaldía de Bogotá, cuando el procurador Ordóñez destituyó del cargo a Gustavo Petro de manera arbitraria.
Recuerda cómo él y su equipo adelantaron en los primeros años 90 negociaciones de paz con el M-19, EPL, PRT y Quintín Lame. Pardo siempre recalca la importancia de trabajar en equipo. “No concibo el trabajo sin equipo. Se construye uniendo saberes”, dice. Muchos años más adelante, Pardo también cumpliría un papel decisivo en el proceso de paz con las Farc como ministro del Posconflicto.
En su opinión, las principales herramientas de las que debe valerse un negociador son la paciencia, el estoicismo …y “más paciencia. Lo cuento en un libro anterior que se llama Horizontes de paz. Pero nada sirve si la sociedad no respalda las negociaciones”. Y sobre su estrategia para verse por primera vez cara a cara con un jefe de la guerrilla, dice que fue como si se tratara de cualquier otra persona. “En esa época estudié mucho el pensamiento del otro. Y me aproximé sin temor y siempre abierto a escuchar”.
También evoca sus experiencias como candidato a la Presidencia en 2006 y 2010, y a la Alcaldía de Bogotá en 2015. En el libro también habla de sus pasiones. Entre ellas se destacan la música y el fútbol. Es hincha del Santa Fe, circunstancia que ha moldeado de alguna manera su carácter. “Pasamos 37 años sin un título. Eso es determinación, tenacidad y hasta amor ciego…”.
En el libro La voz de Pardo se intercala con la de Diana Calderón, su compañera, sus hijas y otros familiares, amigos del colegio y de la vida, compañeros de trabajo, personas que lo conocieron y los médicos que lo han acompañado en los momentos de crisis y en su rehabilitación. Esto le añade a la obra puntos de vista de quienes lo han acompañado de una u otra forma a lo largo de su vida.
Además, su pasión por la escritura y por la historia lo han llevado a escribir una decena de libros, entre ellos La historia de las guerras, De primera mano, Nueva seguridad para América Latina, El siglo pasado, El fin del paramilitarismo: ¿es posible su desmonte?, Vamos a hacer una Colombia justa, Historia del trabajo, Entre dos poderes, La guerra sin fin y Horizontes para la paz. Su pasión por la historia viene de su padre, Alberto Pardo Pardo, que era un gran lector, y del Gimnasio Moderno, su colegio. Ya siendo senador decidió escribir la Historia de las Guerras. “Me gustaría que se leyera en los colegios. Claro, una versión corta, pues 800 páginas no se leen en bachillerato”.
Otra característica de Rafael Pardo, que sólo conocen quienes han tenido algún tipo de trato directo con él, es su sentido del humor. “Sin humor, como en otros aspectos de la vida, no habría superado muchos momentos”, dice.

Retrato de Pardo en tercera persona
Gonzalo de Francisco, politólogo y asesor en comunicaciones (y hermano de Claudia, la primera esposa de Rafael Pardo, y de Juan, su médico de cabecera), lo conoce desde que era niño porque vivían en la misma cuadra, en la calle 75 entre las carreras 11 y 13. “Él vivía una casa de por medio de donde yo vivía, una muy vieja casona con un prado donde jugábamos fútbol dos contra dos. Mi hermano Juan con Mauricio Brigard, el vecino de la casa de la mitad, y yo con Rafael”. Jugaban incluso en horas de la noche y, para iluminar el prado, recolectaban lámparas de todas las casas y terminaban a las 8:30 de la noche, hora de comer. “Nunca supimos quien ganó. Y nunca, de verdad, tuvimos una pelea. Fueron años extraordinarios”.
Además trabajó con él en varios momentos, aunque no de manera directa. “Yo estaba manejando el programa de fortalecimiento de organizaciones campesinas en el Plan Nacional de Rehabilitación cuando él ya era consejero de paz. Un día me pidió un favor delicado: sacar las armas que el M-19 tenía en Bogotá, unas que supuestamente no entraron al Palacio de Justicia. Había que trasladarlas al campamento de Santo Domingo donde el M-19 se había concentrado. Se hizo sin problemas. Luego, repetí lo mismo en Medellín en plena guerra contra Pablo Escobar”.
De su experiencia trabajando con Pardo, De Francisco resalta su visión de Estado tan clara y contundente, en su opinión apenas comparable a la de Humberto de la Calle: “Saben la trascendencia para la sociedad y las instituciones de toda idea o de todo hecho, segundos después de conocerlos. En eso, Rafael era desconcertante. Cuando alguien iba con una reflexión sobre un tema, él ya venía de regreso con un concepto claro y contundente. Una especie de campeón de billar: sabe qué va a hacer la bola cinco a seis rebotes adelante”. Siempre le llamó la atención la claridad con la que Rafael Pardo enfrentaba las cosas. “Hacia una combinación magistral entre seriedad y humor, que le permitía a todos identificar para donde se iba y cómo enfrentar dificultades. Eso se lo trasmitía al equipo”. De Francisco recuerda que, al iniciar su gobierno, Cesar Gaviria lo nombró consejero de Seguridad Nacional. “Yo lo acompañé a concretar lo que quería con esa Consejería. No fue mucho lo que pude aportar. La tenía clara. Luego yo pasé a trabajar con Jesús Antonio Bejarano, ‘Chucho’, quien fue nombrado consejero de Paz. Ahí me di cuenta lo importante que era tener la certeza de lo que se quería. Desmovilizamos el EPL, el Quintín Lame, el PRT, Corriente de Renovación Socialista y las milicias de Medellín, con un derrotero que Pardo había fijado”.
De Francisco recuerda un episodio que pinta el gran sentido del humor de Rafael Pardo. “Terminando el Gobierno Barco y con la idea de la Consejería de Seguridad en la cabeza, de nuevo estaba yo ayudando en la llegada del EPL a Pueblo Nuevo, su primer campamento donde iba a concentrarse. Es un momento delicado y yo debía quedarme con la guerrilla. Lo hice. Con los días empezó el proceso y ya ‘Chucho’ Bejarano pasó a ser el consejero de Paz. Un día, los que estábamos acompañando ese momento llamamos la atención porque estábamos en pleno Mundial de futbol de Italia 90 y no habíamos podido ver ningún partido. La señal de televisión era malísima. Cuando le llegó el reclamo, Rafael nos mandó a decir algo que no se me olvida: ‘La patria por encima de los partidos’”.
De Francisco dice que Pardo hacía pocas fiestas, pero muy buenas. “En un momento, trago en mano, los dos tomábamos el control de la música. Siempre nos unió el rock clásico. Pero a punta de brindar pasábamos pronto a la música protesta de los años sesenta. Pasábamos por León Giecco, Ana y Jaime, etc. Luego, La Internacional. La cumbre era cuando, a capela, cantábamos Somos los peregrinos, himno de la visita de Pablo VI y del Congreso Eucarístico de 1968”.
Concluye que Pardo es la quintaesencia de un ser humano correcto, “cuya conversación se caracteriza por mezclar sabiduría, alejándose totalmente de actitudes petulantes o sobradas, con un humor de los mil demonios. Encontrarnos era saber que de algo nos íbamos a reír”.
Un ejercicio de memoria y gratitud
Rafael Pardo quiso contar su historia por varias razones. Por una parte, quería que a través de su historia sus nietos Martín y Elisa “conozcan a su país, lo entiendan y se proyecten en él”. Por la otra, sintió que tenía que agradecer a quienes lo cuidaron y salvaron su vida. “Muchas personas. Médicos, familiares, amigos… porque no debemos volver tabú los temas médicos y porque siempre podemos recuperarnos y tratar de seguir siendo útiles desde otros lugares, como la opinión, por ejemplo”.
Pardo dice se ha adaptado a sus nuevas circunstancias para comunicarse. “Hablo despacio. Si quien me escucha es paciente, podemos conversar. Si no, le mando un pódcast con Inteligencia Artificial. Después del accidente cerebrovascular y el problema en mis cuerdas vocales quedé con un porcentaje de afasia. Pienso más rápido de lo que puedo expresar y, aunque se me quedan muchas cosas sin decir, no tengo frustración”. Acerca del uso de la Inteligencia Artificial que ha permitido que su voz se siga oyendo, él dice: “El experto se llama Azul Manzano. Yo solo escribo, él hace la magia”.
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