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Daniel Samper Pizano y Enrique Santos Calderón con Cecilia Orozco
Daniel Samper Pizano y Enrique Santos Calderón con Cecilia Orozco durante el lanzamiento del libro en la biblioteca del Gimnasio Moderno.
Cultura

Entrevista con Daniel Samper y Enrique Santos: recuerdos y lecciones de periodismo

El libro 'Memorias cruzadas' de Daniel Samper Pizano y Enrique Santos Calderón, repasa la trayectoria de estos dos grandes periodistas y la historia reciente de Colombia. CAMBIO habló con ellos acerca del proceso que siguieron para elaborar el libro y de cómo ven ellos la práctica del periodismo en estos tiempos.

Por: Eduardo Arias

Daniel Samper Pizano y Enrique Santos Calderón son dos leyendas del periodismo.  Se conocieron fugazmente cuando eran muy niños y a partir de la década de los años 60 sus caminos se cruzaron en diversas ocasiones. Fueron durante décadas pilares del diario El Tiempo y ambos ya cumplieron 80 años en 2025. En Memorias cruzadas, el libro que escribieron, recorren sus vidas y sus trayectorias. Lo hacen de manera ágil y divertida, pero a la vez muy profunda, ya que ambos han sido testigos de excepción de momentos cruciales de la historia reciente del país, no sólo como reporteros o analistas, sino también, en algunas ocasiones, como protagonistas. También reflexionan acerca del oficio del periodismo, de los retos que debe enfrentar quien ejerce esa la profesión. Un libro que los muestra muy jóvenes de espíritu y en el que a menudo sacan a relucir el sentido de humor que los caracteriza.

Daniel Samper Pizano estudió Derecho en la Universidad Javeriana, Periodismo en la de Kansas (Estados Unidos) y fue Nieman Fellow de la Universidad de Harvard. Durante 50 años fue redactor, editor y columnista del diario El Tiempo, donde creó la Unidad Investigativa. Ha sido libretista de televisión y autor de más de treinta libros, muchos de ellos de humor. Desde 2022 escribe todas las semanas en el portal Los Danieles.

Por su parte, Enrique Santos Calderón estudió Filosofía en la Universidad de los Andes. Durante más de 30 años escribió en El Tiempo la columna ‘Contraescape’; en 1974 fundó, junto con Gabriel García Márquez, la revista Alternativa. Fue presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa y ha scrito diversos libros sobre narcotráfico, paramilitarismo, guerrilla y corrupción política en Colombia. Dirigió durante 10 años El Tiempo, de donde se retiró en 2009. Escribe actualmente para el portal Los Danieles. CAMBIO habló con ellos acerca del proceso que siguieron para elaborar el libro y de cómo ven ellos la práctica del periodismo en estos tiempos.

CAMBIO: ¿Cómo nació la idea del libro y cómo fue el proceso?

Enrique Santos Calderón: Fue una propuesta de Gabriel Iriarte luego de que en una comida nos oyó a Daniel y a mí recordando anécdotas. Nunca imaginé que iba a ser tan complicado.

Daniel Samper Pizano: Esta es la plata mejor ganada del mundo. Parecía muy fácil: hablar, dos personas que nos editen y al final sale el libro. Pero la versión que recibimos fue digna de un juzgado. Una transcripción literal de absolutamente todo lo que habíamos hablado.

E. S. C.: Nos pasaron las desgrabadas en bruto, incluso con los chistes, con cosas que no tenían nada que ver…

CAMBIO: ¿Ustedes participaron en la edición?

D.S.P.: Nosotros hicimos el libro. Además tuvimos que transformar el lenguaje. Yo tenía un profesor de literatura que decía que el lenguaje es como un lápiz. Usted coge un lápiz y lo mete en un vaso. Un pedazo de lápiz está sumergido y el otro, el de la realidad, está afuera. Ese es el lenguaje. Si usted va a escribir un texto de periodismo no puede utilizar el lenguaje de un juzgado o de un académico. Tiene que transformar el lenguaje. Para que haya unidad en el lápiz tiene que estar presente esa transformación. Eso vale también para la literatura, para todo. Y ese medio lápiz nos tocó hacerlo. Eran toneladas de cosas para transformar totalmente, sin que se notara que había sido escrito fingiendo que era hablado, y eso es muy difícil de logar.

CAMBIO: Antes de las reuniones, ¿ustedes se ponían de acuerdo sobre lo que iban a hablar?

E. S. C.: No, fue saliendo de manera espontánea.

CAMBIO: Ustedes vivieron una época muy grande del periodismo, pioneros en unidades investigativas, algo que siempre le he reconocido a Enrique, que puede haber columnistas que piensen distinto al director. ¿Cómo ven en estos años, cómo ha sido el ejercicio del periodismo? ¿Qué peligros, qué amenazas ven?

E. S. C.: Es un panorama bien complejo, muy incierto, muy rico en el sentido de que las posibilidades de informarse que tiene la gente son infinitas. Las redes son una cosa apabullante. Las posibilidades de que la propia gente se convierta en informadora y opinadora también. En ese sentido uno puede hablar de que ha habido una democratización impresionante de la información.

Pero paralelamente hay una gran cantidad de peligros y amenazas. El fenómeno de las redes, que es fantástico, también es de doble filo. Se da el peligro de la manipulación y del control. Entonces, uno tiene que regresar a los viejos preceptos del periodismo clásico. Primero que todo el escepticismo, la duda. En un país como Colombia tener en cuenta el contexto preciso de donde se produjo la noticia: el contexto social, el contexto económico, el contexto político. Hoy en día, la formación de periodistas jóvenes de deja mucho que desear desde el punto de vista de su conocimiento de la historia del país, su propio manejo del lenguaje. Entonces hay que darles a los muchachos consejos clásicos. Leer mucho. Saber dónde están ubicado, desde dónde se está trabajando y escribiendo.

D.S.P.: El problema básico del periodismo colombiano actual es la formación del ciudadano para que sea periodista o para que lea periódicos. Hay que ayudar también a formar la audiencia. Tratar de elevarla para así también poder mejorar el periodismo. Ahora pasamos a que esos ignorantes de la audiencia son los que están haciendo periodismo. Eso es el periodismo ciudadano, es una locura. ¿Por qué no hay medicina ciudadana? El periodismo es muy serio. Tan serio y profesional que puede acabar con un país, con una sociedad, o puede elevarla y ayudarla.

CAMBIO: ¿Ustedes no sienten que el periodismo se volvió subordinado a las redes sociales?

D.S.P.: Se ha vuelto el determinador del menú. Sin duda la agenda está subordinada a las redes, pero también a los dueños. Yo creo que la mejor respuesta que le damos a esos problemas es lo que aparece en el libro respecto a Eduardo Santos. Lo que se ha publicado sobre Eduardo Santos siempre ha sido muy manipulado. Que era un viejo antipático que no sabía de nada y solo hablaba francés. Que paralizó unas reformas maravillosas que iba a hacer Alfonso López Pumarejo en su segundo mandato. Era mucho más avanzado que nosotros, los del grupo que trabajábamos con él, que éramos Luis Carlos Galán, Enrique y yo. Nos regañaba porque El Tiempo estaba muy llerista. En el libro nuestro son importantes las lecciones que Eduardo Santos da sobre periodismo. Siempre abominó de la presencia de gentes de mucho dinero y con muchos intereses empresariales en un periódico.

CAMBIO: Ustedes llegaron al periodismo sin ser periodistas de formación. ¿En esa época existían esas carreras?

D.S.P.: Sí, existían, en la Javeriana hubo siempre.

E. S. C.: De la gente que llegaba a trabajar pocos tenían título universitario. Y los graduados generalmente eran abogados. Yo estudié Filosofía, porque Periodismo aquí no se podía. Entonces uno aprendía con la práctica.

D.S.P.: Ahí pasa lo siguiente. No es tanto el qué sino el dónde. Si yo quiero estudiar tauromaquia y me dicen: “Le doy una beca en Suecia”, no me sirve. Me dicen: “Yo lo mando a Villavicencio, allá le enseñan a acercarse a un toro”, eso sí me sirve. Después de haberme graduado de abogado, fui becado a la Universidad de Kansas y descubrí un mundo totalmente nuevo, ignorado por mí. Por eso yo digo que mi formación como periodista es gringa, y eso que he estado trabajando durante 30 años en prensa europea.

CAMBIO: ¿Cómo ven ustedes el problema de la desinformación, de las noticias falsas?

D.S.P.: Tardamos poco en descubrir que las nuevas tecnologías son un maravilloso medio de información. Y estamos llegando también a la conclusión, ahora tarde, de que es un extraordinario medio de desinformación también.

CAMBIO: ¿Ustedes qué añoran del periodismo de antes?

E. S. C.: Yo añoro que había más pasión, más entusiasmo. Había un amor por el oficio. Se desvivían por una chiva. Hoy en día es más frío.

D.S.P.: Antes buscaban la chiva. Hoy se sientan y esperan a que les manden los boletines al computador.

E. S. C.: Yo tengo nostalgia de esos periodistas que vibraban.

D.S.P.: Esos que decían que Gabo se había disfrazado de enfermero para conseguir las declaraciones del naúfrago. Todo era mentira, pero como leyenda es muy buena. Que se había colgado un estetoscopio y puesto un delantal blanco. Con eso logró entrar y Luis Alejandro Velasco le contó todo y así surgió El relato de un náufrago. Eso ahora no habría ocurrido jamás.

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