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DE RUSIA SIN AMOR

DE RUSIA SIN AMOR
Caminando por la décima
Los Danieles

DE RUSIA SIN AMOR

Fiel lectora de de la literatura rusa, María Cristina Lamus (conocida como MacLamus en Escocia y Zapatoca) utiliza los personajes de autores clasicovskys para comentar la muerte del jefe mercenario Prigozhín en un sospechoso percance aéreo.

La tragedia de los rusos
la cuentan Gogol, Tolstoi
y Dostoievski hasta hoy,
pero creíamos, de ilusos,
que eran relatos abstrusos.
Mas fueron sus personajes,
vestidos con mil ropajes,
tan reales cual son ahora
y el mundo entero deplora
sus derrotas, sus ultrajes.

Chichikov compraba almas
para colmar sus riquezas,
pero hacíalo por piezas:
con huesos que nadie ensalma
yacentes en polvo y calma.
Ladino hasta la locura,
sacó su viciosa holgura.
Gogol y sus Almas muertas
nos dieron la imagen cierta
de lo que es la desmesura.

Raskolnikov, estudiante,
nos hizo fieles testigos
de aquel Crimen y castigo.
Lo premeditó, acechante,
y cruel lo llevó adelante.
Dostoievski describió
con maestría
y esculcó
la naturaleza humana
en su expresión más insana,
aunque corto se quedó.

Hoy me ronda una certeza:
ni tan siquiera esos genios
con el brillo de su ingenio
pergeñaron la vileza
de la impiedad más aviesa:
Prigozhín, la quintaesencia
de una torva inteligencia,
enemigo de la paz,
mercenario contumaz,
fue ruin hasta la demencia.

Siempre en gesto amenazante
a su padrino, Putín,
se dirigía Prigozhín
para pedirle, anhelante
más armas, más detonantes.
Hasta que se rebeló
y el argumento le dio
para asarlo en pleno vuelo.
Si nos sirve de consuelo,
esa maldad se extinguió.

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