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AUTOCRACIA S.A.

AUTOCRACIA S.A.
Ana Bejarano Ricaurte
Los Danieles

AUTOCRACIA S.A.

El mundo entró en una deriva autoritaria y la periodista estadounidense Anne Applebaum escribió el decálogo para entenderla. Se trata del best seller Autocracia S.A., y en el describe los elementos en común de los distintos dictadores regados por el planeta, que no son pocos y emplean muy distintos disfraces para perpetuarse en el poder.

Publicado en 2024, no alcanzó a recoger la experiencia de los primeros seis meses de la administración de Donald Trump en Estados Unidos, aunque pareciera que Trump sí alcanzó a tomar el texto de Applebaum como libreto.

Con vertiginosa cotidianidad en ese país se registran violaciones a los derechos humanos a plena luz del día y en cualquier ciudad; ataques discursivos, financieros y regulatorios a los medios de comunicación; intimidaciones al derecho a la protesta mediante la persecución de sus líderes; abuso de poderes ejecutivos; eliminación de controles y veedurías en el poder federal; el enriquecimiento burdo y el recibimiento de sobornos sin sonrojos por parte de la familia presidencial; la cooptación de la Corte Suprema de Justicia para que autorice las violaciones a la Constitución que acumulan de manera flagrante; la persecución de la academia, la ciencia y en general de la producción de verdades que no sean las que aprueba el régimen; hasta amenazas del propio Trump de reelegirse aunque esté prohibido. Todo muy banana republic.

Desde entonces la autora ha venido advirtiendo sobre el desmonte del Estado de derecho en el gigante americano. En 2004 Applebaum ganó el Premio Pulitzer por su libro Gulag, en el que narró la historia de cómo se crearon y administraron esos centros de tortura en la Rusia soviética. Ahora la escritora compara esa experiencia con el negocio que montó Trump con el dictador de El Salvador Nayib Bukele. Para eso sirve la red de autocracias: para expandir sus tentáculos por el mundo.

Applebaum intenta cerrar el texto con un mensaje esperanzador y advierte sobre la importancia de regular las plataformas de redes sociales, a las que describe como mejores instrumentos para la preservación del autoritarismo que de la democracia. Con la alianza macabra entre Trump y los dueños de la plaza pública digital -todos radicados en la tierra del Tío Sam- será imposible regularlos y poner límites a los poderes desmedidos que emplean por el mundo para enriquecerse a costa de la democracia.

La fuerza del proyecto trumpista en EE. UU. se mueve a pasos agigantados y en ocasiones parece que no existe fuerza política, judicial o social que esté en capacidad de detenerlo. Ese cliché de las películas de los líderes del mundo libre tenía algo de razón. Porque incluso con todas sus hipocresías y contradicciones, la democracia gringa sí servía para empujar al mundo, o por lo menos a este continente, lejos del abismo autoritario.

Mucho de lo que narra Applebaum también resuena con lo que ahora ocurre en Colombia. Como lo explica detalladamente, la conexión entre la cleptocracia y el autoritarismo es ineludible; las élites gobernantes y los sistemas financieros permiten y casi que auspician la consolidación de autoritarismos que les sirven para enriquecerse: “Si eres leal puedes robar”. Claro, acá la cleptocracia es vieja, es casi el ethos de nuestra política, pero sí que resuena con el presidente Gustavo Petro, que ha elegido rodearse de corruptos irredentos, con la condición de que sean fieles a su proyecto.

Petro se arroga la voz del pueblo y amenaza con usar sus poderes ejecutivos para derribar el orden constitucional existente. Applebaum también expone cómo tantos candidatos a dictador emplean cantos contra el sistema electoral y sus instituciones para sembrar desconfianza en las elecciones. Ya el presidente empezó a arar ese camino y le suma su impresentable nuevo jefe de gabinete, quien dice sin sonrojarse que Petro debe gobernar por veinte años y que la reelección es inaplazable.

El mismo presidente habla sobre Álvaro Leyva y explica que el pueblo no quiere derrocarlo sino reelegirlo. Todo esto montado sobre una máquina de propaganda, desinformación y descalificación de medios y críticos, desde la cual comparten emocionados las imágenes de cualquiera que pida la reelección del presidente. Otro que parece estar tomando atenta nota de Autocracia S.A. y que amenaza con convertirse en socio. Porque, aunque pelee con el autócrata gringo, habrá otros haciendo fila para registrarlo.

Desde el petrismo reaccionan con furia cuando se cuestionan las intenciones autoritarias del presidente: “cantos mentirosos de la prensa hegemónica”, dicen. Hoy Applebaum se lamenta al advertir que fueron muchas las señales inequívocas de la amenaza que significaba Trump para la imperfecta democracia gringa y que no atendieron a tiempo. Petro no parece con ganas de corregir su deriva autoritaria, ojalá Colombia sí esté a tiempo de reconocerla y detenerla.

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