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OBRAS, NO PALABRAS

OBRAS, NO PALABRAS
Caminando por la décima
Los Danieles

OBRAS, NO PALABRAS

Se aburrió el profesor Pompilio Iriarte de tanta palabrería oficial sobre la realización de obras, y pide en sus décimas de hoy menos obras y más palabras.

«Erre con erre cigarro,
erre con erre barril,
rápido ruedan los carros
cargados de arena,
por la carrilera
del petrocarril».

—¿Les gusta la jerigonza? —
dice el pavo Chu chu chu.
—¡Trabalenguas! —muge Lu,
la ternera medio zonza.
—Pues bailen como peonza —
trina firme el sirirí.
Y el grillo chilla el «cri cri»
y Ágata ensaya el «miau miau»
y el perro le hace al «guau guau»
y el gallo, al «kikirikí».

Erre con erre cigarro,
¡Buenaventura-Curramba!
¡Eso sí es cambio, caramba!
un tren de trescientos carros.
Progresismo en el cotarro,
política de postín,
tendremos petrocarril
que enlace el tren macondiano
con el tren transiberiano...
¡Labia, paja y aserrín!

Para el craso populismo
lo que cuenta es el caudillo;
se echa a la gente al bolsillo
con patriotero cinismo.
Recluta del fanatismo
no muy finos suministros.
Según recientes registros,
ya van, en casi tres años,
entre arengas y regaños,
cincuenta y cinco ministros.

No más obras: más palabras,
que se agotan los recursos;
no más hechos, más discursos
para borregos y cabras.
Si te caes y descalabras
y necesitas sutura,
la solución más segura
es una arenga elocuente.
Advertirá mucha gente
que en la labia está la cura.

Si el invierno nos inunda,
arruina pueblos, cosechas
por esas cosas mal hechas
de la Colombia profunda,
hay que armar la baraúnda
de funcionarios incursos
en el robo de recursos.
Hablan y hablan por los codos.
La consigna es para todos:
¡no más obras, más discursos!

La corrupción nos ahoga
con torrencial avalancha;
la crecida es honda y ancha,
pero llorar desahoga.
Que la extorsión, que la droga,
que el crimen y sus maniobras,
que Colombia y sus zozobras...
¿Qué nos salva del ahogo?
Las artes del demagogo:
¡más palabras, menos obras!

La gente tiene que hablar
y parlotear como sea,
pero qué dura tarea
es querer comunicar
lo que debe interesar
a un mundo con tantos miedos.
No tenemos tantos dedos
para X e Instagram,
para TikTok, Telegram
y WhatsApp con sus enredos.

Por cada ladrillo puesto,
sendas inauguraciones,
sabiondas exposiciones
de un «experto», por supuesto.
Que entre el diablo y haga el resto,
que el candidato que venga
eche el cuento que convenga.
Después del conversatorio
ante embobado auditorio,
que el patrón eche su arenga.

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