EL QUE ABREVIA NO MIENTE

La ingeniosa MacLamus vive agobiada, como todos sus compatriotas, por las siglas que recogen largos nombres de institutos o empresas y los reducen a una sigla impronunciable. Cita el ejemplo de UNGRD, que resultó ser una oficina muy ágil para robar pero no para nombrar. Sus décimas proponen soluciones, ADG (A Dios gracias).
Siglas dislocadas
La gráfica abreviación
de un nombre cuando es complejo
debe tener un manejo
que ayude a su comprensión
y fácil pronunciación.
Pero en Colombia no expresan
las siglas la realidad;
cojas en creatividad
resultan palabras tiesas,
nombres sin pies ni cabeza.
Una sigla impronunciable,
la U Ene Ge Ere De (UNGRD)
me hace pensar en por qué
no asignarle, cuando es dable,
un nombre que, condensable,
la defina de una vez.
Deshilvanémosla, pues,
y al modo de un buen sastre
llamémosla Unidesastres,
como en efecto lo es.
Cuando a alguien se le ocurrió
designar en general
al transporte capital
Ese I Te Pe (SITP), se peló
y en un enredo incurrió.
Trajinar su nombre a diario
no es fácil para el usuario.
Un término más conciso,
sería SITU, pegadizo,
transporte urbano ordinario.
Creo que el ingenio profano,
ese que no es oficial,
es en cambio proverbial.
Ejemplos tengo a la mano,
personales y cercanos:
En Rusia, durante un viaje,
tras los pesados ropajes
que el frío nos exigía,
decidimos un buen día
apostarle al espionaje.
Fungíamos como espías
de la antigua Ka Ge Be (KGB).
El caso es que fue porque
la cosa nos divertía
que obviamos la ortografía.
Sin que mediara una queja,
llevando hasta las orejas
las capas de paño grueso
la Ka Ge Be cobró peso:
“Kascadas”, Gordas y “Biejas”.
Unas amigas graciosas,
crearon la asociación
Asomupro, una versión
que describe sentenciosa
una vida harto impiadosa:
Asociación de Mujeres
Promiscuas. Yo no atiné
a llenar los requisitos
para entrar a ese garito,
y por fuera me quedé.
No niego, hubiera querido
formar parte de esa banda
que así, a la guachapanda,
sin restricción ni maridos
hacían un luengo barrido
de escarceos amorosos.
En terrenos peligrosos,
pronto comprendí cuán tarde
era para hacer alarde
de un pasado tempestuoso.
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