MUÑOZ INN

El sentido de la hospitalidad del exembajador de Colombia en Nicaragua, León Fredy Muñoz, podría conmover a incautos. El 14 de agosto Noticias RCN reveló que nuestra embajada en ese país presentó una solicitud ante las autoridades de la dictadura centroamericana para que se renovara la residencia del prófugo de la justicia Carlos Ramón González.

González fue a parar allí tras ser mencionado por Olmedo López en el escándalo de corrupción que más ha golpeado a este gobierno (y eso que la competencia es reñida): el de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), revelado por la periodista Paula Bolívar. A ese país fue a esconderse Carlos Ramón, pues, desde hace años, en Nicaragua impera una especie de darwinismo autoritario en el que no hay nada siquiera parecido a un Estado de derecho. Razón suficiente para, entre otras cosas, repensar cómo ejercemos la diplomacia frente a esa dictadura.
El pasado viernes, en el Reporte Coronell en la W Radio, el periodista Daniel Coronell reveló que la Embajada no solo había ayudado a González a tramitar la renovación de su residencia, sino a entrar al país inicialmente y que además había sido hospedado en la residencia del embajador. León Fredy lo ayudó con su ingreso en septiembre de 2024, mientras que otro Muñoz, Oscar Iván Muñoz Giraldo, ficha del primero, pidió a Nicaragua que asistiera al compañero a renovar su permiso en mayo de este año. Excelente servicio se ofrece en el Muñoz Inn a costa del contribuyente.
Tras el Reporte, Julio Sánchez Cristo anunció que el exembajador Muñoz se conectaría para dar las explicaciones correspondientes. En efecto, el senador de la Alianza Verde pasó al teléfono, muerto de la risa, para explicar que recibió a Carlos Ramón porque es su amigo y que cuando el “compañero González” viajó a Nicaragua no tenía ninguna orden de captura.
Ese sentido de la amistad sería conmovedor, si no fuera porque desde el 25 de julio de 2024 Olmedo López mencionó a González como cabeza del entramado de corrupción y así lo ha reiterado públicamente la fiscal novena delegada ante la Corte Suprema de Justicia, María Cristina Patiño en distintos escenarios. Desde entonces la presión sobre el antiguo director de la Dirección Nacional de Inteligencia no ha parado de acumularse.
Muñoz insiste en que cuando su amigo fue a “visitarlo”, varios meses después del señalamiento de López, solo había menciones y ninguna orden judicial. Como si no fuera lo suficientemente grave que, como embajador, se prestara para tramitar la entrada de un funcionario cuestionado por robar y sobornar en las más altas esferas del Gobierno.
El 3 de julio, el Tribunal Superior de Bogotá ordenó la medida de aseguramiento en contra de González y, al día siguiente, la Fiscalía solicitó a la Interpol que expidiera una circular roja en su contra. Según informó la Unidad Investigativa de El Tiempo, la agencia no ha respondido el pedido.
Solo hasta ahora, y por cuenta de todas estas revelaciones periodísticas, es que el gobierno de Petro busca desesperadamente lavarse las manos con un pedido de extradición que debió ordenarse desde el primer momento de la fuga, en lugar de albergar durante varios meses a su exfuncionario en una embajada.
El presidente acusó a varios periodistas de mentir y defendió a su exembajador: “la acusación que se hizo en la prensa contra él, ha demostrado su falsedad total”, escribió de afán el mandatario en X.
León Freddy Muñoz es un excelente senador. Perseguido por las mafias de Bello. Un luchador desde el barrio antioqueño contra lo más aberrante de la política.
— Gustavo Petro (@petrogustavo) August 15, 2025
La acusación que se hizo en la prensa contra él, ha demostrado su falsedad total https://t.co/iar57mYvS6
En la entrevista de la W, Muñoz repitió hasta el cansancio que no decía mentiras y que solo había hecho lo que le “tocaba” al ofrecer sus gestiones para permitir la entrada de su amigo, como la de muchas otras amistades que lo visitaron. Con una candidez impostada aseguró que no tenía amigos vergonzantes, como si ese fuera el problema y no que como embajador contribuyera a la fuga de uno de los más altos funcionarios acusados por corrupción en el gobierno que representaba en Nicaragua. Como si además en las funciones de su cargo estuviese la de recibir amigos en la casa que pagamos con nuestra plata.
Todo se lavan las manos: Muñoz culpa al otro Muñoz y Petro jura que no sabía nada. Y ahora Colombia espera ejecutar un tratado de extradición con un remedo de país en donde no hay ley ni justicia.
Petro está cerca de completar todas las monas del álbum de la corrupción y abuso que juró enfrentar. La de contribuir a la fuga de uno de sus funcionarios fue una que criticó con dureza y razón durante el gobierno de Álvaro Uribe; la de convertir a la prensa que lo investiga en su enemiga pública es una que pegó desde hace rato.
Adiós, Miguel
Al repudiable asesinato de Miguel Uribe Turbay lo siguió una horrenda demostración de las peores infamias de nuestra sociedad y de nuestra política oportunista. Las imágenes de su hijo Alejandro durante sus exequias eran razón suficiente para silenciar los megáfonos del odio, así fuese por un momento. Ningún comentario les hace justicia a tantos despliegues de insensatez y hostilidad desde tantas esquinas opuestas.
Recordaré a Miguel por compartir pupitre con él en varias clases en la facultad de Derecho. Una colega me comentó lo extraño que se sentía que la violencia política empezara a llegar a las personas de nuestra generación. En las clases de historia estudiábamos a los políticos asesinados, pero la historia ya nos alcanzó. Descansa en paz, Miguel.
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