LECHONA EN LUGAR DE TRIBUTARIA

Sucedió esta semana, luego de que el ministro de Hacienda —o el profe Carlos Antonio Vélez: nunca lo sabremos— presentará una nueva reforma tributaria, otra más, esta vez de 26 billones de pesos: el presidente Berto apareció en todos los canales de televisión para hablar bellezas sobre sus logros en educación y de paso defender uno de los puntos más impopulares de su propuesta de impuestos: gravar la gasolina. Una medida audaz aunque no tan audaz como el blazer color verde menta que vestía durante la exposición que, de haber combinado con una bufanda vaporosa de brillantina, lo habría convertido en la versión socialista de Ricardo Montaner.
—Volvieron a dar Miami Vice —le avisé a mi esposa.
—Deja oír, por favor.
—O de golpe Yo me llamo… ¡Yo me llamo Juan Gabriel! —anuncié con la expectativa de que Berto rompiera a cantar El Noa Noa.
Pero mi esposa no me respondió. Procuraba escuchar los argumentos del divo del Eme que en ese momento parecía cantar No tengo dinero ni nada que dar para describir las finanzas estatales, y luego advertía, desafiante, que le quiere poner impuestos al combustible porque “el pobre no usa casi la gasolina: el que más usa gasolina es el de las cuatro puertas”, sin que todavía comprendamos lo que quiso decir: ¿el humilde taxi zapatico de cuatro puertas debe pagar impuestos a diferencia del Lamborghini del rico epulón, que tiene dos? ¿La puerta del baúl nunca cuenta? ¿El hermano de Duque es mamón?
Y, sin embargo, y más allá de aquel detalle, observaba al presidente magnífico y veraniego, en su pinta de conquistador de las noches de Miami —el saco pastel, el implante frondoso, la papada reducida a sus mínimas proporciones— y me emocionaba: al fin existe un presidente capaz de presentar una reforma tributaria que alivie a los más humildes, si bien debamos entender por “más humildes” a todo aquel que no necesite comprar alimentos. Porque todos subirán de precio con el incremento de la gasolina. Y eso se llama dar papaya.
Quienes antes defendían la reforma de Duque atacaron entonces la de Petro, y quienes antes atacaban la de Duque ahora defendían la de Petro, y en la mitad quedábamos los que preparábamos la billetera y no sabíamos cómo reaccionar: ¿salimos a la calle a protestar, o eso ya no se usa? ¿Quemamos la sede de un CAI, o con los nuevos precios de la gasolina resulta imposible?
Yo comprendo que sin impuestos el Estado no funcionaría: ¿cómo financiaríamos el sueño de vivir en un país igualitario en el que podamos sobornar a los presidentes del Congreso con las mismas tarifas, y no pagando a uno mil millones y al otro tres mil? ¿Es ese país desigual, acaso, el que queremos dejar a nuestros hijos?
En Presidencia descartaron recortar gastos para no subir tributos porque no resulta sencillo despedir a Nerú, echar bodegueros, cortar los rubros de manutención del prófugo Carlos Ramón González. O dejar de contratar a la talentosa joven Juliana Guerrero, que, para poder tomar posesión como viceministra, obtuvo su diploma de profesional en apenas quince días y sin presentar las pruebas Saber Pro: es sin duda el mayor logro en educación del gobierno del cambio. Sorprende que el Berto Montaner no lo haya mencionado en su informe.
Para enseñar con ejemplo, el presidente mostró sacrificio y gravó rubros que lo afectan de modo directo: pondrán impuestos del 19 % a las cirugías estéticas, aun las de papada; a la cerveza, que no produce gastritis; a las boletas de más de 500 mil pesos, que es, precisamente, la tribuna a la que el quinto beatle de Ciénaga de Oro asiste en los conciertos de Paul McCartney.
Como era de esperarse, la propuesta despertó una objeción masiva (más IVA, en realidad: del 19 %) pese a que el Gobierno prepara estas cláusulas de alivio:
Artículo 1:
Los bienes inmuebles del estrato 6 aumentarán el valor de su predial, salvo en las siguientes excepciones:
Las casas de Santa Ana de Chía.
El apartamento de la 92 de Ricardo Roa.
La mansión de Nicolás en Puerto Colombia.
Artículo 2:
Todo dinero en efectivo que se guarde en recipientes negros —sean bolsas de basura o maletas de Laura Sarabia— quedará exento de ser declarado ante la DIAN.
Artículo 3:
No pagarán impuestos:
Las frutas y verduras que venda David Racero.
La gasolina del helicóptero de Francia Márquez (y del avión presidencial).
Y, muy especialmente, los blazer color verde menta.
Pero la elección de Carlitos Salió Mal Camargo demostró que el Gobierno no cuenta con la fuerza suficiente para sacar adelante una reforma tributaria, y las finanzas del Estado entrarán en colapso de no ser por la destreza del presidente Berto que, luego de grabar Yo me llamo, y de gravar la gasolina, viajó a Japón, a una feria en Osaka, y logró el más grande y revolucionario negocio que haya hecho el país en todos los tiempos. Según anunció en su cuenta de Twitter, vendió 10 millones de toneladas de lechona a 1,3 billones de personas.

En esas cantidades, la exportación de lechona, pues, dejará al país más divisas que el petróleo. Y si hablamos de lechona con arveja, el sector del agro también se verá beneficiado, lo mismo que el insulso. Que no es, de ninguna manera, una manera de referirse al ministro de Hacienda.
En un fin de semana en Osaka, pues, y vestido con pantalón y camisa blanca como un karateka, el presidente ha logrado arreglar las finanzas del Estado. Colombia es ahora potencia mundial del marrano. La exportación acabará con las existencias de lechona por años. Ya no tendremos con qué comprar votos en 2026.
Ante el más grande logro de la historia de nuestro comercio exterior, entonces, el Gobierno debe retirar, con tranquilidad, la reforma tributaria y concentrarse en la exportación de esta delicia tolimense para seguir nutriendo a toda la población del Asia.
A menos de que el Juan Gabriel eterno se haya equivocado con las cifras. En ese caso será mejor huir en un zapatico de cuatro puertas.
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