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País

“No se está formando gente para el trabajo”

El antropólogo Carl Henrik Langebaek escribe sobre cómo el sistema educativo ha formado ciudadanos para que compitan y sean los más exitosos, dejando de lado el verdadero sentido del trabajo: contribuir en el crecimiento económico del país y en la solución de problemas de nuestra sociedad.

Por: Carl Henrik Langebaek

El mercado existe, pero no es Dios. Negar su existencia es tapar el sol con las manos, pero caer rendido a sus pies, sin cortapisa alguna, es peor. Lamentablemente nuestro sistema educativo se ha plegado innecesariamente al dios mercado y ha dejado de lado otras lógicas. Se dice en voz baja, pero todos lo sabemos; florecen instituciones que ofrecen una pésima calidad sin pagar los impuestos que debieran, basadas en el lucro para personas o familias. En segundo lugar, en algunas instituciones se insiste en generar una inequidad salarial entre profesores de distintas áreas del conocimiento alegando que hay “unidades de negocio” menos competitivas, aunque en el fondo todos sepamos que ellas son, precisamente, las más importantes, como es el caso de las ciencias sociales, las humanidades y las ciencias básicas. Tercero, y esto quizá es más grave, el modelo de educación superior se ha basado en la filosofía de formar gente para el mercado: para que salga y compita, para que sea la mejor, la más exitosa. Explícitamente, el ideal consiste en formar personas para que sean exitosas, sin consideraciones más amplias sobre su papel en la sociedad, aunque en las mejores universidades, públicas y privadas, se hagan esfuerzos para que esas personas sean también íntegras.

Todo lo anterior nos ha llevado a una sin salida por una sencilla razón: no estamos formando gente para el trabajo, para hacer crecer la economía de este país, para solucionar los problemas reales de la gente real, de los más de 90 por ciento de empresarios pequeños, de las organizaciones y entidades del Estado. El sistema educativo se ha divorciado ampliamente del mundo del trabajo con la apuesta ingenua de que si a los mejores les va bien el país se beneficiará automáticamente, algo que ha probado ser falso. Colombia y muchas de sus universidades pueden mostrar con orgullo que algunas pocas personas que no tenían oportunidades lograron salir adelante y ser exitosas, lo cual, por supuesto, está bien. Pero no es suficiente: eso no mueve el país hacia adelante y, de hecho, en no pocos casos, lo único que logramos es que personas con excelente formación terminen trabajando por fuera del país. Es hora de pensar en modelos alternativos: el mercado, solo, no nos está llevando a nada bueno.

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