
En estos días el Concejo de Medellín le negó por cuarta vez a Daniel Quintero la solicitud de vender las acciones que EPM tiene en UNE, empresa que fue fruto de una fusión público-privada en 2014. La alcaldía obtendría tres billones por su participación, pero varios concejales no confían en el buen uso de esos recursos y advirtieron que habría un plan para gastar un billón “de afán” durante la campaña 2023.
El alcalde no supo digerir su derrota en el Concejo y armó una nueva pataleta en su cuenta de Twitter, que hoy es quizá la más incendiaria, toda vez que Petro, Uribe y otros han reducido en este tiempo la furia de sus trinos. Quintero le pidió al gobierno nacionalizar Tigo y evocó a la liquidada Telecom, una empresa que terminó desangrada y parasitada por sindicalistas y directivos siniestros. Un arrebato infantil impropio de un líder serio que pdría ver en las derrotas una oportunidad.
El alcalde de Medellín no termina de apropiarse de la dignidad y peso propio de su cargo e insiste con reforzar ese papel de polemista tuitero. De tipo que tiene que lanzar granadas a cada tanto para imponer una agenda artifical, que se hable siempre de él y no dejar morir a los fantasmas que han alimentado su figura y la de su pareja, Diana Osorio. La receta es simple pero consistente. Trinos cortos, incendiarios y siempre dividiendo el análisis o problema en dos categorías irreconcilables: nosotros o ustedes, el cambio-uribismo, pobres-ricos, público-privado o el pueblo vs. el GEA.
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