
Todas las condiciones están dadas para que, por fin, se pueda lograr un acuerdo con el Ejército de Liberación Nacional, ELN. Es ahora o nunca, y sin bien los astros están alineados, la paz como destino solo depende de la voluntad de una guerrilla que nunca ha tenido la voluntad real de negociar.
La noticia de que en noviembre se reanudará la mesa de diálogos con el ELN debería ser bien recibida. Aunque suene extraño, la salida negociada de los conflictos es la mejor estrategia de seguridad que tienen los gobiernos. La confrontación armada ha dado pocos resultados en contrarrestar la criminalidad; sin embargo, sí ha dejado cientos de miles de víctimas inocentes.
Antes de iniciar el proceso de paz con las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, que según la Comisión de la Verdad fueron los responsables del 45 por ciento de los homicidios en el marco del conflicto armado, a pesar de haberse creado en 1997 y desmovilizado en 2006, se tenía una tasa de homicidios en Colombia de 69 por cada 100.000 habitantes. Una vez desmovilizados cayó a 40 homicidios por 100.000 habitantes. Algo similar sucedió con el proceso de paz con las Farc-EP. En el año anterior al inicio del proceso (2012) se tenía una tasa de homicidios de 35 por 100.000 habitantes y una vez firmado el acuerdo en 2016 descendió a 25 por 100.000 habitantes.
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