
No fue un clamor nacional. La caída del impuesto a las pensiones altas fue un favor a la clase política tradicional y a los más ricos de Colombia, que van a seguir gozando del beneficio de recibir millonarios recursos mes a mes, subsidiados por el Estado, y sin tener que tributar por ellos.
Llama la atención que el gobierno haya cedido en ese punto que, insisto, no fue una petición de la ciudadanía, y se haya eliminado del proyecto de reforma tributaria uno de los impuestos que reflejaba la progresividad de la que tanto hablaron a la hora de presentar la iniciativa que cursa en el Congreso de la República.
Ese impuesto también materializaba la gran promesa que hizo el presidente Gustavo Petro durante la campaña y que repitieron una y mil veces su ministro de Hacienda y el director de la Dian ya siendo gobierno.
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