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Velia Vidal
Puntos de vista

Adolescente

Por estos días cumplimos años el Chocó y yo. Mi departamento cumple 75 de vida institucional y yo cuarenta de haber nacido. Los míos, sin duda, mejor vividos que los de mi tierra. Todavía no sé nada de la crisis de los cuarenta, mientras que esta selva de dos mares vive en una constante crisis que, pensada en términos del tiempo transcurrido desde que fue erigido como departamento, los efectos del conflicto, el narcotráfico y el racismo estructural, termina pareciendo lógica y asignándole un gran valor a algunos logros que, comparados con el resto del territorio nacional, en realidad son mínimos.

El Chocó, como nos gusta llamarlo a nosotros (no Chocó, sin el artículo definido), sigue estando en los primeros renglones del índice de necesidades básicas insatisfechas. Los datos de las recientes agregaciones territoriales publicados por el Dane el 30 de junio de este año, aun siendo una fría tabla de Excel, estremecen porque reflejan con mucha claridad lo que vemos quienes vivimos y recorremos esta tierra todos los días.

El 65,51 por ciento de nuestra población tiene las necesidades básicas insatisfechas (NBI) y el 20 por ciento vive en la miseria. Algo que me llama particularmente la atención es que en otros lugares como Vichada o Vaupés, que tienen un índice de NBI similar al del Chocó, la carencia de servicios se concentra en las zonas rurales mientras que en nuestro departamento la insatisfacción de las necesidades es casi igual en las cabeceras municipales que en la ruralidad, lo que indica problemas de fondo en materia de servicios públicos, vivienda y dependencia económica, por mencionar algunos, puesto que no se trata simplemente de la incapacidad de llegar a zonas distantes y comunidades dispersas, sino que, incluso donde podría llegarse, se carece de lo más básico.

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