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Gabriel Silva Luján
Puntos de vista

El opio del pueblo

Karl Marx, explicando por qué los trabajadores no eran conscientes de su propia explotación, concluye magistralmente diciendo: la religión es el opio del pueblo. Aunque algunos estudiosos creen que se refiere estrictamente a las religiones tradicionales, soy de la escuela de los que piensan que la fuerza de esa consigna está en que la palabra “religión” no se refería exclusivamente a las iglesias o credos organizados.

El “opio” adormecedor comprende a todo fenómeno colectivo que nuble la conciencia del hombre y coopte su libertad de discernir. Desde esa perspectiva se puede entender la lucha por la libertad como la búsqueda de la secularización de la vida social para que cada uno obedezca al dios que quiera en su alma pero que acate la ley de la sociedad en lo terrenal. Se trata de que no haya ídolo común que venerar distinto a los derechos humanos, la libertad y la voluntad popular. Desafortunadamente, durante la mayoría de nuestra historia, la humanidad se la ha pasado subyugada bajo alguna de las modalidades de ese opio. El triunfo del racionalismo, la secularización y el liberalismo en Occidente, a pesar de todos los esfuerzos, nunca ha sido hegemónico. La puja entre las religiones y la razón es un tire y afloje que nunca termina.

En este momento de la historia parecería que estamos entrando en otra de esas etapas en las que la razón, la verdad y la libertad se ven arrinconadas, asediadas. No es menor la responsabilidad que le cabe a Occidente que se cruzó de brazos convencido de que había llegado “el fin de la historia” con el colapso de una de las religiones más poderosas, el comunismo soviético. Ya se ha escrito mucho sobre cómo la globalización acarreó una subyugación de las identidades, las culturas y las religiones tradicionales produciendo un reverberante resentimiento que encontró su chispa catalítica en el empobrecimiento y exclusión de sectores, regiones, razas y comunidades. Tal como lo describió Marx en un aparte del escrito citado, “la religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo descorazonado y el alma de las condiciones de vida desalmadas”.

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